fue un sueño cumplido,
el sueño que tuve la anoche anterior,
siete años después,
fue todo lo contrario.
Es lo que tienen los sueños,
que para bien o para mal,
no son verdad.
No estar juntas
no es un opción posible
por la sencilla razón
de que NO NOS DA LA GANA.
Se suele decir
que lo que ocurre en un sueño
se queda en el sueño,
y que por algo será,
que si quieres darle
un sentido tienes libertad
para interpretar a tu antojo.
Nada más lejos de la realidad
en contraposición de los teóricos,
casi siempre hombres, por cierto.
Dar rienda suelta a las fantasías
y a las pasiones no tiene
nada de malo,
pero no son verdad
ni una realidad plausible.
Lo que sí es objetivamente
cierto, o lo que lo fue,
es la niebla, la lluvia y el frío,
cada vez venidos a menos,
pero no por ello menos verdadero.
Por eso es imposible
confundir lo mágico
con lo cotidiano,
porque la fuerza
de los elementos terrenales
me recuerdan lo que fuimos,
lo que somos
y lo que queremos
seguir siendo.
Los sueños sueños son,
pero son incomparables
con la heroicidad
de aquel día de invierno ☃️
con el que nadie
había contado en su calendario.
Fue algo tan pedagógico
a nivel emocional,
que los colegios
y los núcleos familiares
no le habrían hecho falta a nadie
a partir de entonces.
Pero la vida sigue
y los sueños también,
por eso al día siguiente
cada cual continuó
con sus problemas,
sus dificultades, sus tristezas
y sus mentiras,
en nuestro caso
la Isla 🏝️ Esmeralda.
Por desgracia,
aquel 3 de marzo
solo fue un oasis
en medio de tanto descampado,
pero las que estuvimos,
nos fuimos sabiendo
que algo había cambiado
dentro de nosotras
y que nos lo llevábamos
bien amarrado.
Tan eterno, infinito y expansivo
como el universo
que nos acoge
con una fecha de caducidad
en la que no habrá excepciones,
pero sí que sobrevolará
en nuestra memoria.
_Por séptima vez a aquel
3 de marzo de 2018_
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