Aquella niña que actuó
por primera vez
hace 20 años,
ahora es la directora
de la función,
la jefa suprema
de una espectáculo gigante.
Como ella,
no es por los años
que cumplimos,
sino por la antigüedad
que nos atraviesa.
Desde que nos parió
aquel Albatros,
son más cosas
las que se han creado
a partir de entonces
de las que ya existían antes.
Por eso tenemos etiquetas
de históricas, de referentes,
de eternas veteranas
de los bares, de los conciertos
e incluso de personas
que ya han muerto.
Recuerdo nuestros 10 años
en Gargantilla del Lozoya:
el desayuno en Los Montaditos,
la caja de los DVDS 📀,
las felicitaciones sorpresa
y la distancia de un
proyecto emancipatorio
que no acababa de llegar
pese a ser el único objetivo
que mantuvimos en la adolescencia.
Si rodamos por la ladera
de El Valle a base de
marwanazos,
nos erguimos de pie
con el puño en alto y cerrado
con la Mazorka.
Ellos también cumplen
veinte años.
Surgimos del humo negro
del Windsor
como el himno
contemporáneo
de las nuevas generaciones.
Cuando casi me despeño
de la grada del Wizink
desgañitada la voz,
estaba gritando
con toda mi rabia y dignidad
por tu gloria:
🎼 Con una luz inmensa
incendiaremos el mundo otra vez 🎼 .
Siempre fue nuestro momento,
siempre será nuestra hora.
Todo ha cambiado
y que todo cambie.
Dos decenas de años
con una par de cachorros
y dos fieras gatunas.
Pero la celebración
seguirá teniendo
la sintonía
del directo
para que miles
de personas anónimas
en una ciudad
cualquiera de Castilla,
tierra de comuneras,
encuentren la afonía
en nuestro honor.
20 balas de frente,
20 balas rozadas,
20 balas esquivadas,
20 balas a tu sien,
20 putas balas de rabia,
20 balas cumplidas.
_A nuestros 20 años_
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