acogemos a pacientes enferm@s
que deberían estar en sus casas
o centros sanitarios.
Y ¿sabéis por qué?
Porque las familias
se ven obligadas
a conciliar con sus empresas
en lugar de hacerlo
con sus hij@s.
Soy capaz de aceptarlo
a nivel laboral,
lo que ni por asomo
estoy dispuesto a aceptar,
son las consecuencias personales
y familiares que me llevo a casa.
Parece mentira
que hayamos pasado una pandemia.
También me parece de escaparate
que tengamos que aceptarlo todo
porque ejerzamos
desde una posición profesional.
Las motos nunca me gustaron y
y a estas alturas
no me van a vender ninguna.
Todas las zetas
me recuerdan
a los nazis,
menos la zeta de mi hijo.
Que convivamos con la enfermedad
y su posible propagación
lo entiendo;
que de una damnificada
a todos los niveles
y por imprudencia social
caigan la totalidad
de 5 o 6 familias más,
pues no me da la gana entenderlo.
Los esfuerzos imposibles
que crees realizar tú,
también nos salpican a nosotras,
solo que nadie te lo cuenta
y si te lo contasen,
habría que ver el caso que haces.
De tu diarrea,
puede,
que otro niño
que vive a diez kilómetros
de ti
y que nada tiene
que ver con la escuela,
esté siendo rehidratado
en una sala de urgencias.
Daños colaterales
lo denominarían
los equidistantes.
Los románticos
lo llamarían
el efecto mariposa.
Los pragmáticos como yo,
lo calificamos de sinvergonzonería.
Porque ya no eres tú solo,
sino que arrastras al fango
a tus cachorr@s
que ni un ápice
de responsabilidad tienen.
Luego me vendrán
ciertas vende-libros
que cobran varias decenas
de euros la hora por exposición,
a poner en valor
la cultura de infancia
sin tener en cuenta
la educación moral y ética
de algunas individualidades.
Pero entiendo
que cada una con su libro.
Que seamos vanguardia
no quiere decir
que lo tengamos todo
conquistado,
ni eso, ni que la cátedra
sea solo una.
Mucho menos cuando
parece que el saber
viene de arriba hacia abajo.
Más escucha de campo,
al contexto y a las trabajadoras
para seguir ampliando
la calidad en los cuidados.
Me compadezco de
los pacientes zero,
pero mi misión
consiste en proteger
todos los ámbitos
en los que me incluyo,
y eso pasa por
no ponerme de perfil
ante el virus
y ante la gente indecente,
que la hay,
no nos llevemos a engaños.
Porque es verdad
que nos dejan
a su mayor tesoro,
pero también es verdad
que nosotras tenemos
los nuestros.
De esto nunca se habla
no porque no interese,
sino porque no somos
lo suficientemente valientes
y honestas.
Este es mi BLOG
y mi refugio
desde hace años;
es público y gratuito,
solidario y desafiante,
justo, responsable y consecuente.
Me equivoco mucho
y estoy preparado
para pedir perdón
y seguir mejorando,
pero para lo que también
estoy preparado
es para expresar
mi perfil alto
de lo que me parece
tiene que ser atajado.
Espero que dentro
de unos años
exista la cura
para los subnormales zero.
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