lunes, 23 de enero de 2023

Se sigue tocando el pelo

Son ya más de cuatro años
enredándose el pelo
cuando tiene sueño,
aunque va por rachas
y según tenga el pelo de largo.
Una costumbre que me enternece
y que utiliza para autoregularse
a modo de conciliar el sueño.
Como si del último cuento
del día se tratase,
pasa por todos y cada uno
de los vellos capilares
como si fuesen las hojas
que sabe anticipar
el final de la historia.

Un tic, una manía,
una costumbre
que ya va haciendo calva.
Es tanto el interés y la pasión
que pone,
que a veces nos pide ayuda
para desatascar le el dedo
que utiliza
en la construcción del remolino.
Imaginaros la de cantidad
de vueltas que da
en el mismo sitio
y con qué fuerza se cose
parte de su pelo.

Es como cuando ya de mayores,
pero sin metáforas,
le damos vueltas a las mismas cosas
por el miedo y la inseguridad
de dar cualquier paso
que nos haga equivocarnos.
Pero al final,
para seguir avanzando,
damos ese paso ambiguo
sin la certeza del resultado
y sus consecuencias.
Un proceso lógico y necesario
que los acompañará
el resto de la vida.

Yo no quiero que deje
de tocarse el pelo
significa
que yo no quiero
que deje de ser niño.
Esto también es algo
que, como padre,
me acompañará
los próximos años
hasta que asuma
que ya no es un niño,
que ya no me necesita tanto,
que ya no soy parte fundamental
de su juego diario.

Que se siga tocando el pelo
es parte de la inocencia
que todavía posee,
de la conclusión inequívoca
de que todavía
no le afectan de lleno
todas las presiones sociales
de este planeta tan adulto.
Así que, pese a la calva,
le dejamos hacerlo,
tranquilo y convencido
de que es una acción deliberadamente
única y personal
en la que él decide
el cómo y el cuándo.

La forma de su pelo,
esa que hemos ido guiando
contra natura
al crecimiento y la extensión
de lo salvaje.
Con tanta personalidad
o más
como la que tiene mi barba,
pasando de unos rizos
incontestables al principio,
hasta llegar a una prematura cresta
que sigue manteniendo.
Es un niño muy bello,
por dentro y por fuera,
pero en cuanto a lo de fuera,
que es justamente
lo que estéticamente
estoy analizando ahora,
consta de un continente
con contenidos fascinantes.

No sé el tiempo
que seguirás necesitando
tocarte el pelo
para conciliar el sueño,
pero lo que dure,
si me da tiempo,
me haré un vo de palomitas
cada noche
para observar la estampa
y disfrutar por dentro
los cachitos de maíz
de los que estás hecho.
Y si se me quedan restos
tras lavarme los dientes,
mejor,
así te saboreo
cada madrugada
y me levanto con sabor a ti
y a todos tus significados.

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