de la Casa del Libro,
porque por primera vez,
después de mucho tiempo,
veníamos de lugares distintos
para encontrarnos
en la zona elegida.
Volvimos a tener
una primera cita
que sirve como
fotografía en blanco y negro
de aquella que tuvimos
va a hacer dieciocho años.
Escogimos el escaparate
de la Casa del Libro
porque sí,
porque nos venía bien;
nosotras somos de
librería de barrio
y no consumimos por Amazon,
todavía somos consecuentes
en algunas cosas.
Íbamos a nuestro primer
concierto del año,
a solas,
para ver al grupo que nació
en 2010 en la sala Kitchen,
muy cerquita de donde
nos encontrábamos.
Ambas llegamos antes
de la hora acordada
como siempre hemos hecho.
Nuestro compromiso
con la puntualidad
en una de nuestra mayores lealtades,
porque el respeto comienza
en llegar al lugar a la hora acordada,
justo al revés
de lo que dice
nuestras canción favorita,
la que llevamos tatuada.
Así que nos volvimos a mirar
como lo hacíamos de adolescentes
y nos dimos la mano
después de casi un año,
sin sujetar carros
o manos más pequeñas
que las nuestras.
Hablamos sobre
nuestr@s hij@s
porque es lo que mejor
se nos da
y la principal de nuestras ocupaciones.
Y lo hicimos con naturalidad
y con la mirada puesta
en la vuelta,
en llegar a casa
y encontrarlos dormid@s
sin haber intervenido.
Esto se lo debemos
a cuidadoras y cuidadores extern@s
que fielmente y con compromiso,
cumplieron con las funciones
de los cuidados y el acompañamiento
sin estar nosotras presentes,
GRACIAS.
Transcurrió la velada
a baja temperatura,
una marabunta de gente
y una ciudad monstruosa
de ruidos y luces.
Lo que antes
nos sorprendía y emocionaba,
ahora solo nos abruma
y nos desgasta.
La madurez también es esto,
en cómo cambian el enfoque
y los matices
mientras vamos transformando
nuestros gustos y necesidades.
'Noches de fuga y contrabando'
se titulaba la gira,
del grupo que más veces
hemos visto,
incluso en ciudades
que nos eran ajenas.
Porque tenemos la suerte
de haber crecido
y evolucionado
con ciertos ídolos
que nos han construido,
en cierta manera,
en lo que hoy somos.
La música que se escucha en casa
siempre viene de algún lado,
siempre tiene un motivo
que la explica,
y siempre influirá y determinará
lo que vayan a escuchar ell@s
en sus primeros años.
Cantamos hasta la afonía,
saltamos como si
no hubiera techo
con el que golpearse
ni suelo en el que caer,
nos tocamos para no dejarnos
de sentir,
para asegurarnos
que no estamos solas
en este mundo,
y nos emocionamos
con los mismo acordes
con los que llevamos
toda una vida haciéndolo.
Buen sonido,
buen ambiente
y una puesta en escena
que nos sabemos de memoria,
con los mismo gestos de siempre
y con los mismos coros de siempre,
como si lo hubiéramos
compuesto nosotras
para regalárselo
al resto del mundo.
Al término
de la última canción,
nos levantamos apresuradas
mientras nuestros artistas favoritos
se despedían colmados
de agradecimiento.
Fuimos previsoras,
porque cuando crías cachorr@s
debes dominar,
especialmente,
el arte de la anticipación.
Salimos del Wizink
dejando todo el calor
y toda la pasión dentro
después de dos horas
de espectáculo.
Cogimos un taxi,
hicimos balance
y abrimos la cerradura de casa
con mucho cuidado
de no hacer ruido.
Habíamos regresado
con la sensación
de haber estado
dos semanas fuera de casa,
porque una vez más,
cuando acompañas cachorr@s,
la noción del tiempo
es algo tan inexplicable
como la expansión continua
del universo.
Nadie se había despertado
durante nuestra ausencia,
así que picamos algo rápido,
nos pusimos el pijama,
vimos algo de nuestra serie,
y salimos escopetadas
con el primer reclamo
de la más pequeña.
Solventamos
la primera de las alarmas bien,
muy bien,
como casi siempre;
entramos en la habitación del mayor,
le arropamos,
le besamos,
nos aseguramos de dejarle
unas cuantas rendijas abiertas
de la persiana
para que entrase luz.
Lavándonos los piños y puños por turnos
porque surgió el segundo reclamo
de la pequeña,
bien solventado,
muy bien solventado,
como casi siempre.
Apoyamos nuestras espaldas
en la cama de 1,35
donde cabemos de sobra las 6 que somos,
mirando al techo,
atravesando la penumbra,
cada una con sus pensamientos,
sus rememoraciones
y sus recreaciones.
Era casi la una.
En situación normal
llevaríamos
más de cuatro horas en la cama,
que no necesariamente durmiendo
ni desatando las pasiones
más físicas y carnales.
Pese a ser una buena noche,
el mayor nos acaricia la cara
a las 05.30,
imaginamos,
por todo lo que nos había echado
de menos.
Otro día más que comienza
de madrugada,
después de haber vivido
un concierto antológico
y una primera cita,
que dieciocho años
más tarde,
no se le pareció en nada
a la original
aunque sigamos siendo
casi las mismas.
_A nosotras, a nuestr@s hij@s,
a los conciertos, a Rulo Y La Contrabanda
y a las cientos de primeras citas
que tuvimos y vendrán_
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