pero pude sentir
el revuelo
entre los dos barrios.
Una grada antifascista
llamando a las cosas
por su nombre;
y a las personas también:
"Zozulia puto nazi".
Suspensión del partido
sin precedentes
y polémica al canto
para las siguientes semanas.
Ya lo dijo Rajoy:
"Un vaso es un vaso
y un plato es un plato".
Por esa regla de tres
un nazi será siempre un nazi.
No debería ser
ofensa decirlo,
sino que debería ofendernos
que siga habiendo nazis.
Bien, pues demostrado queda
que no solo nos ofende
sino que además
otros equipos,
medios de comunicación
e ilegítimos cuñados
le defienden
por las molestias recibidas.
Por lo tanto
y no es de extrañar
viendo como el pastor
redirige a su rebaño a palos,
las actitudes racistas
no son penalizadas;
los gritos homofóbicos tampoco.
Y por supuesto
el machismo con olor a cerveza
mucho menos.
Campos de fútbol
llenos de testoterona
y pollas bravas.
El circo de los horrores.
Un lugar que hoy día
no debería ser apto para niñ@s.
Antes los nazis
solo se declaraban nazis
en sus casas.
Ahora son ídolos
en campos de fútbol
y van a discutir
las leyes del Congreso
a las que habrá que atenerse.
Mucho miedito, si,
pero lo primero
para combatirles
es llamarles por su nombre.
Llamarle nazi al nazi
no debería ser noticia
ni tener mayor repercusión
de la que tiene llamar
pájaro al pájaro.
Ahora bien,
la crítica más feroz va
para la grada antifascista
por cantar al término
de cada partido la canción de
"Soy capitán":
"Soy capitán,
soy capitán,
de un barco inglés (bis)
y en cada puerto tengo una mujer.
La rubia es (bis)
fenomenal (bis)
y la morena tampoco está mal.
Si alguna vez (bis)
me he de casar (bis)
me casaré con la que me guste más."
¿Llamar machista al machista?
También.
Sin excepciones.
Toca revisarnos.
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