Ni siquiera es una orden.
Solo es un paso más
en tu largo caminar.
Tu habitación
como algo propio
de aquí hasta
que te marches
a otras habitaciones.
Con un año
recién cumplido
ese es parte
de tu patrimonio.
Es raro tener
que atravesar
un salón helado
para llegarte.
Nos da pena
por lo chiquito
que eres.
Duele,
surgen dudas
como si nos
quitaran
una parte
del cuerpo.
Pero allí,
en tu habitación,
tienes planetas
y un astronauta
que te observan,
un gato
que te calienta
los pies
y unas fotos
que te recuerdan
de donde vienes.
Seguimos durmiendo
mal y poco todas
y todas
las noches.
Mucho esfuerzo
que parece
en vano.
Poco descanso
que se desgasta
a primera hora.
Monstruos
a ciertas horas
de la madrugada.
Llantos,
gritos
y malos pensamientos.
Sería ruin
no reconocerlo.
Pero lo conseguiremos.
Nos lo decimos
siempre
antes del cuento.
Sin dramas.
Sin prisas.
Tarda lo que quieras,
esta es nuestra crianza.
Somos adultas
consecuentes
y laicas.
Exentas de culpa.
Con fe ciega
en nuestra
voluntad
de avanzar.
No somos
mejores,
solo somos
nosotras,
y eso
nos debería bastar.
A tu habitación cachorro.
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