No necesitamos
excusas
para los
nuevos deseos,
ni fechas,
ni plazos
para los
propósitos
del año;
ni si quiera
nuevas formas
de hacer
o pensar
para mejorar
nuestra versión
de nosotr@s
mism@s.
Solo hace falta
voluntad
sin punto
fijo de partida,
recorrerlo
con ganas
y firmeza
confiado
de que sí
es posible.
Relajarse
y ser parte
del azar
que nos atrape.
Recibir
con dignidad
la exclusividad
de lo que
acontece.
Dejarse llevar
cuando sea
necesario
y tomar
las riendas
cuando lo
exija el guión.
Una sensación
como la de
conducir
ebrio
con el riesgo
que conlleva,
con que la
recompensa
sea más alta.
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