Tras lavarse los dientes
comienza su ritual
de las buenas intenciones.
Entre sus motivos
se encuentran:
podar alguna ceja,
descubrir una nueva peca,
hidratarse la cara
aterciopelada
y hacerme esperar
con la luz encendida.
Experta en el in-pas
entre el momento
de irse a la cama
y el preciso instante
en que nos reencontramos
de nuevo.
Lo hace aposta,
lo sé.
Y lo hace a sabiendas.
procurando
que el abrazo
sea más grande,
más acogedor,
más intensamente
nocturno.
Le regala tiempo
al más ególatra
de los objetos:
el espejo,
para que disfrute
aunque solo sea
unos minutos
de la perfección
de sus gestos.
Cuando apaga la luz
del baño
y se dirige
hacia la cama
a través de
la alfombra roja,
da comienzo
la fiesta engalanada
de pijamas y pieles,
de algún que otro
bicho peludo,
y de dos corazones
ansiosos de latirse
bajo el frío
del invierno.
No hay comentarios:
Publicar un comentario