Se rompe
el pacto
no escrito
de mutuo
acuerdo.
Vamos a intentarlo.
Cambiarse
el lado
de la cama
es como
cruzarse
de brazos,
pero al revés,
intentadlo,
veréis
como resulta
antinatural.
Al cambiar
de lado
la perspetiva
es otra;
ardua tarea
la de acomodarse
con una postura
que nunca antes
habías probado.
Pero lo haces.
Y lo haces
convencido
de que
no importan
el lugar
ni los motivos,
sino el cuándo
y el quién
te acompaña,
te sitúes
donde
te sitúes,
te encuentres
como
te encuentres.
Descubres
y te descubren
cosas nuevas,
como un sueño
que te han
dejado elegir.
No hay lados de la cama
sino ocupantes
sin perjuicios.
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