viernes, 17 de enero de 2025

¿Sabes qué?

Mientras caminamos 
volviendo a casa:

-¿Sabes qué?

+¿Qué?

- Que me gusta que me des la mano.

+ ...

Me la da.

- ¿Hasta cuántos años
me vas a dar la mano?

(No sé si está bien formulada
la pregunta)

+ Hasta mil cuatrocientos.

Se ha entendido la pregunta.

- ¿Todos esos? No vamos a llegar
a tener tantos...

+ Pues hasta los 20 o 29.

- Entonces cuando seas mayor
¿también me la vas a dar?

+ Sí, te la da voy a dar siempre ♾️.

Nos imaginé siendo
muy mayores,
evidentemente yo
treinta años más que él,
de la mano,
caminando por la calle.
Se lo pregunté con la intención 
de despejar la incógnita 
de cuándo le daría 
vergüenza darme la mano,
pero indudablemente 
él no está en esas,
todavía no siente ese pudor,
ese miedo, ese asco
o esa decepción
paterno-filial.

Lo que también es indudable 
es que todo lo anterior llegará,
lo que estará en mi mano
será el grado de intensidad 
y las posibles secuelas.
Pero la imagen
ya la tengo posibilitada
y eso me conforma
y me confirma 
que las cosas están bien.
Haberlo sentido y experimentado 
es un trayecto
que no todo el mundo recorre
porque aquí no hay
carnés que valgan.
Aquí solo existen deseos,
corazonadas, voluntades 
y creatividad.

La imaginación es un arma
que deberíamos cargar
en el bolsillo de atrás 
y la memoria será 
la que nos procure 
el aliento suficiente 
como para superar
cualquier momento malo.
No solo te voy a dar la mano,
sino toda el alma
en la que nunca creí,
la vida entera 
y toda la muerte.

Las manos no se soltaron 
hasta que llegaron
al portal de casa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario