la vida da vueltas
o las vueltas que da la vida.
En realidad somos nosotras
cogiendo las curvas cerradas
a todo trapo y derrapando.
Hay que pisar el arcén
cuando una va ajustada.
Pues nada, cuando llegan,
nos agarramos bien fuerte
y las cogemos como
si fueran a ser las últimas,
porque la infancia
no es la única
que vive en el
inmediato presente.
Nos preparamos,
lo planificamos
y depositamos
ciertas expectativas.
Luego ejecutamos
lo guionizado
como intuíamos
que lo podríamos hacer
y tiene que sobrar
tiempo para la reflexión
y las conclusiones.
Una vez evaluado
reajustamos y nos reinventamos
para intentar encajar
mejor las piezas.
A partir de ahí,
la balanza para compensar
lo malo
con todo lo que nos parece
acertado
y mantener la actitud
y el compromiso
de una estructura fuerte.
La base y el pilar,
es decir, la esencia,
son en lo que se sustenta todo.
Pues en la vida toca
hacer esto repetidas veces
hasta encontrar el hueco
y la manera.
Dicho de otra manera,
no existen garantías
hoy en día,
pero sí que existen
voluntades, experiencias
y deseos más que alcanzables.
Haces los preparativos
la noche anterior,
cuando la casa ya no es jungla
ni concierto,
te pintas las uñas
y te acicalas,
te pones como a ti te gusta ponerte,
y te vas a la cama
con buenos pensamientos
y nervios que nunca caducan.
Sales al día siguiente nueva
y sin reproches,
sin atisbos de decepciones
y nada que amargue
el primer tanque de café solo.
Y fluyes por la vida
como la vida fluye
por tus venas,
como ajena y expectante
al advenimiento
de cualquier acontecimiento.
No sabes cómo va a acabar esto,
pero sí que sabes
cómo lo quieres empezar
y que palabras
estás dispuesta a disparar.
Seguramente no sea suficiente,
pero no se me ocurre
mejor comienzo.
Así que nada,
si la vida se empeña,
demos vueltas de campana
hasta encontrar nuestro sitio,
el sitio que merecemos,
el sitio que una se merece.
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