o no queremos verlo
o directamente nos la suda,
pero es racismo,
y se me ocurren
muy poquitas cosas peores
que el racismo.
¡Decepcionante y grave!
¡Gravísimo!
Ese fascismo
que llevamos dentro
y se consolida medio camuflado
a lo largo de los años.
Pero sale, quién lo lleva dentro
no puede evitar sacarlo
de vez en cuando.
Nos descubrimos
y les descubrimos
atónitas e impactadas
por la contradicción
de lo que decimos ser.
Cuando empieza a incomodarnos
el hecho de posicionarnos
y que no sean lentejas
para tod@s,
porque no,
en ningún caso
tienen que ser lentejas
para tod@s.
De repente e inconscientemente,
nos da como cosa
no tener en cuenta
a l@s privilegiad@s,
no vaya a ser
que nos puedan
reprochar algo
porque el agravio comparativo
solo nos acaba molestando
si va en contra de la gente de bien.
A tomar por culo
por delante y por detrás,
la vulnerabilidad de nuestras vidas
son repentinamente subjetivas.
Lo que resulta objetivo
es el racismo
de este país y sus gentes,
desde el sutil hasta el explícito.
No se puede esconder
algo tan grave e intenso
entre nuestras contradicciones.
Estamos hartas de debatir
a quién sí y a quién no,
viéndose la mediocridad
más absoluta de quiénes
no han querido,
por decisión propia,
escapar de ello.
El problema reside
cuando no te asustas,
cuando no le das importancia,
cuando se normaliza
la injusticia en contra siempre
del colectivo afectado.
Las víctimas, los bandos,
los focos, los objetivos,
l@s sujetos del daño
siempre acaban siendo
l@s mism@s.
Es racismo
mires por donde lo mires.
No hay comentarios:
Publicar un comentario