miércoles, 29 de enero de 2025

Las escaleras del Metro

Concretamente las de 
San Cipriano,
tan hondas y lúgubres
como el barrio que las vio nacer.
Tan largas
que desaparecen
a lo lejos incluso aunque avances
y de un color llamativo
para que no te pierdas
por el camino.
La peña suele subirlas 
por la derecha
igual que al bajarlas 
lo hace bajo 
la misma norma.

El caso es que me senté 
a mitad del tramo
buscando un poco
de tregua por
el viento huracanado.
Estaba con el Titi
y los abrigos puestos,
como si por llevarlos
fuéramos más grandes.
Me acordé, en especial,
de todos aquellos
momentos adolescentes 
cuando quedábamos 
en las escaleras y sin móvil,
viendo gente pasar
que te parecían 
que podían ser tu cita 
pero luego te desencantabas
porque no lo eran.

Eso solo le pasa a 
gente puntual,
a la que es excesivamente puntual,
que siempre les toca esperar 
y esperar y esperar
hasta que por fin
te demuestran 
que se habían acordado de ti
y del compromiso.
Yo me he tragado
muchísimas escaleras,
muchísimas esperas en escaleras,
pero la adrenalina
que se siente por encontrarse 
no la cambio por nada en el mundo.

Por eso es tan importante 
para mí este espacio;
porque es un espacio
donde también he sido capaz
de cuidar y de demostrar cariño;
porque he esperado paciente,
algunas veces más,
otras veces menos
a que llegara la persona 
en cuestión 
y la he recibido
por todo lo alto
y sin alfombra roja,
porque nunca me hizo falta;
porque siempre 
les he asegurado
que allí estaría 
al cruzar la esquina,
que encontrarían 
uno de sus refugios seguros
siempre que dependiera de mí;
que antes de salir a la calle,
lo harían acompañad@s
y con palabras amables.

Me atrevería a decir
que he esperado en escaleras
de todas las líneas de Metro 🚇,
sin excepción,
porque allí donde necesitaba llegar,
siempre me llevaba un vagón 
debidamente planificado.
Nunca he puesto excusas
y he combatido la pereza 
con entereza, con poesía 
y con mochila.
Transportarme a aquellos tiempos 
no es revisionismo,
es hacer justicia
a una memoria 
que creció incondicionalmente 
y en paralelo conmigo.

Sé que las escaleras
son una barrera 
para muchas personas,
pero también se
que fueron 
mi andamio sin arnés 
a las que les doy las gracias 
no solo por ser estructura,
sino por ser mi soporte.

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