a recibir contestaciones
inesperadas, sorprendentes
y poco amables.
Seguramente porque le toca
y seguramente también
porque él haya recibido
los mismos mensajes
algunas veces.
El me da igual
o el y qué me importa
no son más que
nuevas estrategias faltas
de contenido.
Una actitud inaudita
y un comportamiento universal
al que hay que aprender
no solo a acostumbrarse,
sino a acogerlo debidamente.
Aquí sí que sería verdad
lo de que su cerebro
no puede evitarlo
y no las fantochadas
de mayores
que alegan
que son así y a quien
no le guste que se vaya.
El tipo de acompañamiento
debe ser muy variable y muy flexible
siempre que no pierda
de vista el desarrollo evolutivo.
El estilo no hay
porqué perderlo,
la estructura de
límites y normas
tampoco.
Ofrecer el modelo de la escucha,
ejecutar negociaciones
justas y democráticas
y acoger emocionalmente
todo lo que incluso
no se comprende del todo,
son las claves
para combatir el desgaste.
Pero claro,
en el papel es mucho
más fácil plasmarlo.
Ell@s crecen aprendiendo
y nosotras deberíamos
de hacer lo propio.
No siempre sale,
no siempre surte efecto,
no siempre conseguimos
estar a la altura
de lo que precisan.
Y no es más
que un preludio
de lo que se viene,
por lo que si ahora
no lo conseguimos,
difícilmente
lo conseguiremos después.
La buena noticia
es que lo hace
porque le toca,
no porque además
lo haya mamado.
El día saldrá mejor o peor,
pero en el modelo
de las relaciones adultas
y de lo que predicamos
no suele haber error.
Eso no quiere decir
que una no esté
preparada puntualmente
para acompañarlo
desde la madurez.
Por eso,
cuando nos acostamos,
hacemos balance
y comienza la redención
después de todos nuestros errores,
a oscuras y en silencio,
con la quietud nocturna
de un felino acechando.
No son dardos envenenados,
son flechas revolucionarias
que necesitan atravesarlo todo
para luego ser atendidas.
Así que sí,
a mí sí que me importa
aunque a ti te la sude.
Ya verás cuando te aprendas esta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario