miércoles, 5 de julio de 2023

Te llevo a casa

- No, te lo agradezco.
+ Que sí, que te llevo.
- No de verdad, para una vez que puedo leer o escribir quiero aprovechar.
- Que no me cuesta.
+ Lo sé, no te preocupes, gracias.

Hablábamos del tiempo
que tenemos para una misma,
sean cuales sean las circunstancias.
Nunca entendí a esa gente
angustiada por no querer
dar cuerda y soltar un poquito
en cuanto a la crianza
y una vez que todo está bien,
pasan de 0 a 100,
de un lado al opuesto
sin la necesaria transición
que te lleva al equilibrio.
Porque se sienten liberadas, me dijeron.
Ya, pero no.
Cuando te dejas
tantas cosas pendientes
en el proceso,
el recorrido no resulta
sano ni coherente.
Dejar cosas a medias
en este tema,
puede que no te afecte a ti,
pero sí que deja secuelas
en ellos y ellas,
los niños y las niñas.
Es como lo de confundir
una crianza sin límites,
no vaya a ser que me vean
como una figura monstruosa.
La sobre información sin filtros
ni acompañamientos,
es tan peligrosa
como la desinformación,
los bulos o las fake news.
El puto malware y lawfare
de la secta de hippies.
Hay cosas que deberían
quedarse en casa
y que no afectaran a nadie más
que a ellos.
Tiempo al tiempo,
pero si puedes,
saca un rato para ti sola
y recreate en lo que te apetezca
sin medias tintas.
Siempre habrá 
alguien que te señale,
alguien que te criminalice,
alguien que no quiera
hacer el esfuerzo por comprenderte;
córtale el dedo
y a por el siguiente
hasta que no quede
nadie que pueda molestarte.
Esa ola de gurús,
de coachs,
de influencers planetarios
y de reaccionarios,
tienen el carné caducado
y la etiqueta de neoliberales
con ánimo de lucro.
ES-CÚ-CHA-TE
un poco aunque 
tu religión te diga que es pecado
y quiere como quieras querer
libre y sin miedo.
Eso sí,
ten un poco de dignidad
y autenticidad
para que la esencia solidaria
no se pierda.
Menos tribus milenarias
y más comunidades
con conciencia de clase.
Quién es el niño y la niña
y cómo acompañarles
debería estudiarse
en los colegios,
pero bien,
no en inglés
y con un PowerPoint
en una pizarra digital
sobreexplotada.
Y la culpa
por intentar compensar
la dureza de la crianza
con algo de tiempo personal,
para las misas de 12.00
de la iglesia.
Cada vez opino más
y mucho más fuerte,
que no estamos tan preparadas
como pensamos.

Podía haber visto a mi hija
veinte minutos antes
de lo que la voy a ver hoy.
Pero prefiero que
en veinte años discutamos
los términos de este texto
y saquemos algo en claro.


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