de la actitud con que se haga,
los tonos que se utilicen,
el volumen que se establezca
y la mirada que se ponga.
Lejos de que este texto
parezca una broma
sin importancia,
por suerte,
tengo alguna que otra lectora
que se toma muy en serio
la redacción de lo que lee.
Y me resulta justo y necesario
que se me corrija
una palabra mal escrita,
un signo de puntuación
o la incoherencia en una frase.
Porque todo lo que suena
dentro de nuestra cabeza,
muchas veces,
no se refleja adecuadamente
cuando se escribe.
Es verdad que no necesitas
mi permiso para corregir
un producto que he decidido
hacer público,
pero si encima lo haces con humor
y con el ánimo
de que yo siga aprendiendo,
humildemente te estaré agradecido
por ese tipo de acompañamiento
que a veces,
nos da vergüenza reconocer
que nos viene bien.
Ahora bien,
cuando formas parte de un grupo,
donde se comparte un espacio
al mismo tiempo,
con un tema de conversación
que nos une temporalmente
y vislumbras la posibilidad
de corregir a alguien,
hay que hacerlo
con toda la humanidad posible,
y eso requiere de habilidades.
Quién no recuerda a ese maestro
que te humilló incontadas veces
en clase,
a ese amig@,
por catalogarle de alguna manera
que se cree por encima
del mal y del bien,
o de esa persona anónima que,
sin conocerla de nada,
increpa a diestro y siniestro
como si la vida le fuera en ello.
Pues hay formas y formas.
Igual que hay formas
de perder y ganar,
hay formas de comunicar
y de acompañar.
Y generalmente,
no estamos adecuadamente
preparadas para ello
aunque pensemos que sí.
De algo puramente anecdótico,
trato de analizar con profundidad
un hecho con el que
nos enfrentamos todos los días.
Una vez más,
no sólo tiene que ver
con la empatía
sino con la asertividad.
Bien es verdad
que una sola coma
puede cambiar el sentido de la frase,
pero las intenciones
son inequívocas
y es ahí donde más
errores cometemos.
Hace años descubrí
la diferencia entre sabio y erudito,
prefiriendo ser
socialmente sabio
que pedagógicamente erudito.
De la misma manera
que procuro ser
delicado y sensible
con cada palabra que escojo
en lugar de petulante
y presuntuoso con
la única intención
de quedar por encima del otro.
Para corregir en público
hay que dominar el arte
de la comunicación
y la solidaridad entre personas.
No vale socializar
con carta blanca
y sin consecuencias,
sino que cuenta más
el conocimiento que tienes
del otro
para que el aprendizaje
resulte de ida y vuelta.
No sé si me explico del todo,
pero por lo menos
me esfuerzo en ello
marcando la diferencia
entre los unilaterales
y los que con humildad,
tratan de caminar
como caminarían
los otros,
con sus peculiaridades,
con sus dificultades,
con sus pretensiones.
Corregir en público
y corregir lo público
es casi lo mismo,
necesitando buen@s referentes
y modelos constructivos
que nos lleven al bienestar
que casi todo el mundo
se merece alcanzar.
Corregir como sugerencia
en lugar de como imperativo,
te acercará a posiciones
donde el otro se encontrará
más cómodo.
Del mismo modo
que las palabras
amor y humor,
casi vienen a significar
lo mismo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario