sábado, 30 de octubre de 2021

El peso y el tiempo

"Las cosas caen por su propio peso"
es una afirmación científica,
física, gravitatoria.
La prefiero a la de
"el tiempo pondrá
a cada uno en su lugar",
más aleatoria e indefinida
en su caso.
Siempre he sido
más racional
que lo contrario,
más presentista
que esperanzador,
más consciente
que mágico.
No me gusta el azar
ni lo desestructurado,
pero tampoco
me anclo en el control.
Abogo por el detalle
y su necesaria reflexión;
por lo empírico
en contra de lo divino;
por ideas con base
más que por
las expectativas
pigmaleónicas.
Lo que tenga que pasar
pasará,
y no voy a jugar
a las especulaciones
con delirios.

"Las cosas caen por su propio peso"
es para bien y para mal.
Para mal
cerciorándonos del error,
para bien
refutando
los análisis previos.
Cuando yo caigo
con mis 75 kilos,
dicho por la báscula,
lo hago con todas
mis contradicciones
a cuestas,
pero con una lucha
a vida o muerte
para seguir blindando
la coherencia
de lo que me parece justo,
honesto y honorable,
que no solemne.

El peso de todas
las cosas que pueden
ser pesadas,
son la que nos harán
sentir todo lo abstracto,
como el arte,
las creencias
o el desengaño.
Si bien es verdad
que hay demasiado
de lo que despojarse,
hay mucho que desaprender,
y más aún que desmentir.

viernes, 29 de octubre de 2021

Con la cabeza en el plato

Mi hijo se ha vuelto
a quedar dormido
en el comedor.
La denominada siesta
del segundo plato,
cuando desfalleces
entre el primero
y el postre.
Este es el elemento
tortuoso que
le ofrece su cole.

Que si falta de recursos,
que si el puto Covid,
que si a nivel organizativo
es imposible,
y todas las partes
implicadas pasándose
la pelota
y las necesidades evolutivas
de los niños y las niñas
por el forro.
Así que solo
les queda meter
la cabeza en el plato
y mojarse el pelo
con alguna salsa
a la que olerán
toda la tarde.
Porque claro,
no pueden ofrecer siestas,
pero si pueden permitirse
que l@s más pequeñ@s
caigan como moscas
en platos de sopa.

La tarde la pasó fenomenal.
Ese punto muerto
que experimentó
en el segundo plato,
le hizo resurgir
de las cenizas
y casi resetear
por completo.
Luego me di cuenta
que fue un espejismo.
Jugamos a las casitas,
a que venía el lobo,
a los puzzles,
a los muñecos,
a clasificar las 
joyas de mamá,
hasta que llegó
la hora del baño.

Tras el baño la cena,
la que ya no pudo soportar,
almacenando la comida
en la boca sin 
llegarse a tragar
ni una sola migaja.
Y papá,
que una vez más
no leyó bien
la situación,
papá se enfadó. 
Ese papá soy yo,
no voy a eludir 
mi responsabilidad
escribiendo
en tercera persona
Así que me enfadé,
me enfadé mucho.
Le grité,
le "amenacé",
di un golpe en la mesa.
Él solo miraba
sin entender nada.
Corrían por sus pómulos
lágrimas solitarias
con más pena que rabia.
Debió pensar:
"¿quién es este?",
mientras yo pensaba
en el puto colegio
y otra vez
se me iba
la situación de las manos.
Otra vez.

Retiré el plato de la cena,
ese mismo
que a lo mejor mi hijo
piensa que hace
las veces de almohada.
Le lavé los dientes,
le dije que hiciera pis,
todo más dirigido
que un campamento 
de verano
y le dije que se tenía
que ir a dormir.
Eran las 19.30.
Se acostó con la inercia
de quién sólo
acata órdenes
y le arropé.
Me fui sin darle
un beso ni desearle
buena noche
dejándole
la puerta entre abierta,
simbólicamente,
entre cerrada.

A los dos minutos volví
más que arrepentido
para abrazarle y darle
un beso,
para darle una
explicación si le apetecía,
para pedirle perdón
por los errores,
por los putos errores
que no dejo de cometer.
Pero ya era tarde.
Se había dormido
con su mano
rizando el pelo.
Todavía respiraba
fuerte y agitado,
con esa angustia
que tapona la nariz
y la garganta.
Le miré
y me cagué 
en mis putos muertos
mientras apretaba
fuerte los dientes
para hacerme daño,
para sentir alivio
a través del dolor
autoinfligido.
Pero no sentí
alivio,
sólo remordimiento
y esa sensación
de haberla cagado
de nuevo.

Las 19.35
y me fumé 
dos cigarros más
que seguidos,
inhalando fuerte
la culpa
sin capacidad
para poder
sacarla.
Sólo podía llorar
al cachorro
y malpensar al colegio.
Estaba atrapado.

Llegó mamá
y al mirarme
lo comprendió todo.
Abrí la app de Robles
y redacté un mensaje
desde la impotencia
y enfado,
destinado
al jefe de estudios,
al hijo del gran puto
que forma parte
de la dirección del colegio.
Esa figura históricamente
rígida y autoritaria
que tan mala fama
se ha ganado a pulso.
Ese mismo al que
ya he escrito en 
varias ocasiones
para pedirle audiencia
y me responde 
con argumentos
estratégicamente evasivos.
Ese mismo
al que le hubiera
cruzado la cara
en ese momento pero,
violencia no pequeñ@s,
la violencia es inadmisible;
porque claro,
quedarte dormido
mientras comes
no es una forma de violencia,
es un herramienta educativa.
Me cago en dios.

Despacho el mensaje
dándole a 'enviar'
sabiendo que no
voy a hacer amig@s
precisamente.
Pero es que no
estoy aquí para
hacer amig@s;
estoy aquí para velar
por la integridad,
la dignidad
y el bienestar de mi hijo.
Pero tampoco me calma.
Sufro irremediablemente
por mañana,
porque vuelva a ocurrir
lo mismo,
porque no sea capaz,
otra vez,
de gestionarlo
como él se merece.
Y vuelta a empezar.

Ceno con la maestra
de mi vida,
la que por vocación
debería estar
ejerciendo
en un cole público
y no en una academia elitista.
Compartimos dolor,
pena y rabia.
La comida me sabe a mierda
y yo me huelo a mierda.

A la cama pronto
porque
no hay nada que celebrar,
como en el día
de la Hispanidad,
no tengo motivo
para seguir despierto
buscando consuelo.
Me acuesto
con más culpa que sueño,
así que me levanto en silencio
y me meto en la cama de Enzo,
arropándome hasta el cuello
y abrazándole
como si quisiera devolverle
con mi cuerpo
lo que previamente
le hemos robado,
entre todos,
más yo que nadie.
Le pido perdón
tropecientas veces,
otra vez,
deseando interrumpir
su sueño
y que me afirmarse
con la cabeza.
Pero también es demasiado
tarde para eso,
al menos esta noche,
donde le he vuelto a fallar,
donde he vuelto a ser
parte del problema
y no de la posible solución.
Porque el poder seduce.
Y ejercerlo contra
l@s más pequeñ@s
es más fácil que nunca.
Vaya cagadón,
me cago en mi puto padre,
como no sería sorprendente,
que él, quisiera cagarse en mí.
En términos más que claros,
cristalinos.

Duermo intranquilo
y nauseabundo.
Sueño rabioso
e iracundo.
Me despierto deseando el mal
y deseándomelo a mí mismo.
Pero luego me acuerdo
de lo bien que lo hago
la gran mayoría de veces,
la mayor parte del tiempo.
Y aunque eso sigue
sin resolver el problema,
me convenzo de que
en algún momento
puedo conseguirlo.

Lo siento joder,
esta sensación
es insoportable,
y efectivamente,
como me dijo
justo ayer una amiga,
a cada cuál, a cada uno,
lo suyo.
Llevabas razón.
No hay nada 
por lo que más sufra
en este momento,
que por esto que cuento.

Mañana lo volveré a intentar, hijo.

jueves, 28 de octubre de 2021

'Verás'

'¡Verás, verás!'
es una de las coletillas
que utiliza el cachorro.
La aprendió
de su tutora Rosi
durante su etapa
en la Escuela,
seguramente,
la etapa
menos defectuosa
y precaria de todas
por las que pasamos.

Te mira convencido
de su patente
y con un movimiento
de mano
arriba-abajo
mientras inicia
su marcha,
te está diciendo
que vayas a descubrir
lo que él, antes,
ha descubierto.
Una especie de emoción
desbordada
que las adultas
no nos damos el permiso
de experimentar.
Ahí está la diferencia
de lo que nos hace mejores
o mediocres.
Vivir con sorpresa
cualquier acontecimiento
y además
buscar la conexión
con la simbiosis
de compartirlo.

'¡Papá, verás, verás!'
es la invitación
más desinteresada
que he recibido nunca.
Es un elenco de factores
que te construyen
como persona.
Es una donación
totalmente altruista
que aporta
un beneficio
muy concreto
a todas.
Y precisamente,
por alguna razón
que desconocemos,
tiene que ver
con 'poder ser'
gracias al otro.
En 'hacernos'
mediante determinados
intercambios
con el cuerpo
y con la voz.

Por eso,
si no atendemos
y entendemos
estos avisos,
se distanciarán
inevitablemente
a otros lugares
que luego
no deberíamos reprocharles,
porque les hemos negado
la expresión y la oportunidad
de contarlo.

Mucho cuidado
con no acudir 
a la llamada
del 'verás',
porque nos estaremos
perdiendo cosas
que no van a volver
a suceder
y de las que de nada vale
arrepentirse después.
El daño (que hemos provocado)
se mantendrá
y tendremos que sumar
otra pérdida
a la gran carga
que ya de por sí
nos hace ir 
con los hombros caídos.

Si estamos juntas
y el cachorro
me dice 'verás',
con todos los respetos
y sin prisas,
tendré que interrumpirte
para estar donde
me toca estar:
participando consciente
de los descubrimientos
de mi hijo.
No hay nada
más importante
aunque a veces
yo también
me equivoque
y no sea capaz
de estar
donde debería estar.



miércoles, 27 de octubre de 2021

En la boda había uno de VOX

En las bodas también
se desarrolla
una lucha de clases,
no por la forma de vestir,
sino por las maneras
de pensar.

Uno,
a estos sitios,
acude precavido,
educado y expectante,
pero nunca neutral,
y menos en mitad
de la barra libre.
Yo entiendo
que el bienestar
que provocan
este tipo de eventos,
también pueden producir
un acercamiento
de posiciones
previamente opuestas.
Y sonríes
e intentas quitarle
hierro al asunto;
y te repites
que no es el sitio
para dar el primer golpe.
Pero nunca blanqueas,
sobre todo porque nunca
lo has hecho
con la gente que quieres,
menos con l@s que
te invitas a chupitos.

Salió a relucir el cuñadismo
de cómo una vez,
en uno de sus
partidos de golf,
sus colegas se mofaron de él
por llevar pelotas moradas;
o de aquel polo
que tanto le mola
pero su mujer
no le deja ponérselo
porque también
es de color morado.
Intenté ir sacando conclusiones
mientras le escuchaba,
pero la ginebra
sólo me permitía
ver un monstruo
de color moco con babas.

Alardeaba de VOX
como quien grita con orgullo
'viva Franco' (me cago en tus muertos).
Yo fumaba
y le echaba el humo
deseando tener Covid
para contagiárselo.
Surgió un corrillo
de 'Ayusistas'
y 'Casados',
todos colegas,
sin sus mujeres de por medio.
Una tertulia
de pollas sudadas
y fachillas
de medio pelo
o de poca monta
que ladran más
que un perro.
Que si ETA,
que si la buena gestión
de Filomena,
que si la protección
a la hostelería
y demás elementos mágicos.
Allí no había nadie cuerdo
excepto los ojos sobrios
que nos observaban de lejos.

También había demócratas
que no sabían 
dónde esconderse.
Pensé en si yo
tenía colegas
con ese perfil.
Determiné que no,
pero vivo con miedo
a que la cosa vire
en cualquier momento.
Lo he visto 
en gente poco cercana
o incluso en algún familiar.

Sudaba racismo,
machismo y clasismo
y el bruxismo
entró en juego.
No le reí
ni un sola gracia
y mi ironía
fue encajada con deportividad.
Paró.
Se calló
y postergó
el espectáculo
quizá,
para sus círculos más íntimos.
Demostró no ser tan tonto
como para comprender
lo que estaba pasando.
Me imaginé que me decía
"perdón por el retraso'.
Cambié de gente.
Cambié de ambiente.
Me fui a por otra copa.

jueves, 21 de octubre de 2021

Las brigadas del Cercanías

Cuando coincidimos
con un tren de dos pisos,
el cachorro
siempre elige
el de arriba; 
imagino que es
por el cambio
de perspectiva
y por la sensación
que te produce
saber que hay algo debajo
aunque no lo estés viendo.

Le di un yogur
entre parada y parada
mientras el 'señor de la izquierda'
miraba paternalista.
Al llegar a nuestra estación
él siempre tiene que dar
al botón de las puertas,
como yo siempre
se lo pedí antes
a mi viejo.
Ya en el andén,
'el señor de la izquierda',
que había seguido
nuestros pasos,
llamó mi atención
dándome la enhorabuena.
Creí que se refería
a la suerte de poder
acompañar a mi hijo,
que también,
pero se refería al parche
que llevo cosido
en la mochila
que reza:
Brigadas Internacionales.

Un viejo comunista
de cara cansada
pero con ojos alegres
que se emocionó mucho
con un joven
con tintes comunistas
que acompañaba a su hijo
con actitud internacionalista.
Celebramos los anhelos
y las nostalgias
mientras Enzo,
a lo suyo,
jugaba con un yogur vacío
y la cara llena de restos.

Me animó a seguir así
por los siglos de los siglos
y nos emplazamos
a seguir compartiendo
luchas, besitos
y barricadas.
Creo que los dos nos fuimos
más contentos
que un brigadista
al volver a casa
porque por una vez,
el encuentro 
con el desconocido
fue amable y alentador.

Gracias a todos y todas
las que vinisteis de fuera
y a las que lo seguís haciendo.

viernes, 15 de octubre de 2021

El corte de mangas de la niña

Fui a quitar
la ropa de la cuerda;
dicho de otra manera,
fui a "destender"
como me gusta
decir a mi.
Mientras lo hacía,
sentí que una presencia
me observaba
dese la ventana
del bloque de la izquierda.
Miro,
y allí estaba
la niña
sacándome el dedo;
dicho de otra manera,
haciéndome una peineta;
dicho de otra manera,
entrenando su prematuro
corte de mangas.
Me acordé de Bárcenas.

Una niña de 6 años
mirándome traviesa,
dedicándome
el gesto de su vida.
Me meto en casa
para doblar la ropa
que había quitado
y me vuelvo a asomar
a la ventana
deseando que sólo
hubieran sido
imaginaciones mías.
Miro con recelo
y allí estaba ella.
Seguía con su
dedo empinado
y sonrisa perniciosa.
Reconozco que me dio rabia,
pero estuve a la altura
de las circunstancias.
Levanté mis brazos
agarrotando las manos.
Abrí la boca grande
y enseñe unos dientes
mal colocados
desde la adolescencia.
Fruncí en ceño
y apreté los ojos
para aullar
como si fuera un lobo.

No se lo vio venir
cambiándole
el semblante
y despareciendo el dedo.
Se agachó 
para esconderse
y sentir el refugio
de su habitación.
Pero cuando volvió
a incorporarse,
ahí seguía yo
con la mejor
de mis interpretaciones.
Volvió a ocultarse
y yo seguí
con mi tarea.

Pensando que mi misión
había concluido,
volví a asomarme confiado
cuando de repente
veo a la niña
reproduciendo
otro corte de mangas
a carcajada suelta.
Ahí estuvo la clave.
Me di cuenta
que estaba mellada,
así que decidí
cambiar de estrategia
de la forma más rastrera.

Empecé a reírme
y a señalarla con una mano
mientras con la otra
me tocaba los paletos
burlándome de la
ausencia de los suyos.
Un espectáculo
que se escuchó
en todo el vecindario,
y el cuál,
estaba dispuesto
a llevar hasta el final
pese a la diferencia de edad.

Ahora sí que la ofendí.
Al otro lado de la ventana
se inferían sus gritos
y su cara de pocos amigos.
Cuando volví
a asomarme,
la niña ya no estaba.
La esperé un rato
para seguir
con esa especie
de juego
en el que ya sólo
participaba yo.
No reapareció.

En esta ocasión
también me puse a la altura,
pero no de la forma
que se espera
que lo haga.
Ni me arrepiento
ni me enorgullezco.
Ahora,
me sentó que flipas.
No te jode.

Perdí las formas.


jueves, 14 de octubre de 2021

Estamos preocupados

Mis amigos están
preocupados por mi.
Lo relevante
para el relato
no son los motivos,
sino la forma
en que se te acercan,
la preocupación real
y desinteresada,
en cómo y cuándo
se dicen las cosas.

El peligro vigente
de la exposición
de las emociones e ideas.
Defender con
honor y corazón
lo que te parece 
que es justo.
Y justo es eso
lo que te pone en riesgo;
lo que a veces
te desequilibra
y hace que se tambaleen
tus cimientos.

No es ignorancia
ni desidia.
Es mantenerse firme
con quién quieres ser
sin mirar tanto
a lo que les gustaría
a los demás
quién fueras.
Pero entiendo
el punto de mira
en ambos sentidos.
Comprendo el suyo
y los cuidados
que me solicitan;
y comprendo el mío
en el que la agresión
toma el protagonismo
y vienen con ella
los pensamientos autodestructivos.
Otro de los grandes
asuntos pendientes:
la salud mental.

Dan igual las
circunstancias de vida.
En mi caso cabe
más efervescencia,
pero lucharía
por intentar ser lo mismo
aunque no fuera padre.

Siempre agradeceré
que se me tenga en cuenta,
que sea parte
de unos cuidados
que inicia otro,
que se quiera proteger
mi integridad
ética y física.

Pero lo que nos mueve
y nos levanta por la mañana
son las entrañas
de lo que crees
que merece la pena.
Y por algo será.
Así que,
NO PASARÁN,
tatuado en la frente
y como arteria principal
que bombea mis pasos.

Gracias por el toque de atención,
estaré pendiente amigos.

miércoles, 13 de octubre de 2021

El 80% y más

El otro día
me dijo una amiga
que si sobre todo
escribía sobre Enzo.
Y tiene razón.
Suelo escribir,
generalmente,
lo que me hace bien,
aunque algunas cosas
resulten dolorosas.

Escribo sobre
mi presente más inmediato.
Lo que ocupa
la mayor parte
de mi día a día.
Y ese es mi hijo.
Seguramente
me haya quedado corto
con el porcentaje,
y lo que sobra,
lo dedico a mis musas
extracurriculares.

La evolución del contenido
tiene que ver
con lo que me va pasando.
Esto es así.
No es lo mismo
cuando escribía
en mi adultez más ociosa
que ahora metido
en la treintena.

En todo caso
proclamo mi orgullo
de todo en lo que
ocupo el tiempo.
Esto puede
provocar asperezas,
tensiones y prejuicios.
Cuento con ello.
Con lo que no cuento
es con hacerlo
de otra manera.
Y no lo cambiaría.
Es más,
en poco tiempo
se me duplicará
"el trabajo".
Y estoy preparado.
Perfectamente acomodado
a lo que tenga que venir
para sentirlo y disfrutarlo
como si fuera
mi última cena.

Aún así
y pese a la dureza
en ocasiones,
no reculo,
ni pediré perdón
por algo que he escogido
conscientemente.
Dedicarme de lleno
a la crianza
que hemos elegido,
habiendo algunos
salvoconductos
para cuidar
lo que ahora 
es secundario,
pero no por ello
carente de importancia.

Este soy yo
en este momento.
Y pienso serlo
durante mucho, mucho
tiempo.
Sin acritud
pero con la firmeza
de tener las cosas claras.

jueves, 7 de octubre de 2021

La siesta forzosa de la tarde

No.
No me refiero
a la siesta
de los findes
en camada
y despojadas
de cualquier obligación
hogareña
o miedos de la calle.
No.
No me refiero
al colecho dominguero
que nunca hicimos
'de pequeñ@s'
en un salón
asediado de animales.
No.
No me refiero
a la siesta que elegimos
para recuperarnos
y cogernos más tarde
con inmensa fuerza.

La siesta forzosa
de la tarde
a la que me refiero
es la de un lunes
cualquiera,
donde exhausto
y la límite,
apoya lentamente
la cabeza
en un cojín
y se queda dormido
en cuestión de segundos.
El ronquido que exhala
es el de un cuerpo
que no tiene 3 años
con demasiadas horas
de exigencia despierto
¿Sabéis por qué?
Porque su cole
no ofrece la siesta
o descanso
a quien lo necesite
escudándose en el Covid.
Otra vez que 
sale rentable
el puto virus
para camuflar
nuestra mediocridad,
pero ¿queda alguien
que se lo crea todavía?

Mirad,
prefiero que me digáis
que éstas son
nuestras líneas rojas
porque no os da más
la pedagogía.
O que reconozcais
que os la sudan
las etapas del desarrollo
y que vais por libre
como manda la tradición.
Pero no os riais
en mi puta cara
intentando convencerme
que dormirse,
transmite peligrosamente
el Covid.
Para mí es fácil.
Quién/quiénes
hayan tomado esa decisión...
...a la HORCA;
dicho de otra manera,
quién/quiénes hayan
tomado esa decisión...
... DIMISIÓN.

Mientras escribo
pienso en cómo
se le caía la baba,
en su cuerpo 
casi inerte,
en su respiración
apagada.
Pienso en cómo
intenté despertarle
a la hora
de haberse dormido
y en cómo su peso
hacía las veces
de materia muerta.
Le chantajeé,
en pretérito,
con ponerle la tele,
con darle gusanitos,
'con perdonarle el baño',
pero él no está
acostumbrado a los chantajes.
Así que decidí
dejarle a su antojo,
a lo que necesitase,
a cubrir todo lo que
no le habían dejado cubrir
en el cole de mayores.

Mamá llegó a las 20.00
y no pudo más que sonreír
sobresaltada
al verte dormido
entre pena y diversión.
Te habías pasado
la tarde soñando
mientras papá
adelantaba tareas de la casa
con un sufrimiento innombrable
por verte incapaz
de abrir los ojos.

Te despertaste desubicado
para cenar con mamá y papá.
Poco a poco fuiste
cogiendo tensión
para afrontar una tarde
que ya se estaba acabando.
Papá se fue a dormir
derrotado
y sin rumbo.
Ni la tele,
ni el sofá
sirvieron
para aplacar tu insomnio,
lógico por otro lado.
Ésta vez yo,
el desubicado,
me levanté a las 23.00
tambaleando cada miembro
como podía.
Al ver la fiesta,
me enfadé,
te grité,
te cogí con brusquedad
y te llevé
a tu cama de 90.
Con un llanto leve
e incomprensible
por tu parte,
caíste en 10 minutos
y papá contigo.
Al despertarme de madrugada
le pedí perdón
a tu subconsciente,
te besé fuerte
y repetidamente
como si de una despedida
se tratase,
y me marché
a mi habitación,
con mamá,
más derrotado
de lo que me había
acostado antes.

A las 06.00
el despertador 
y el arrepentimiento,
la culpa
la deshonra.
No supe hacerlo mejor
pero para la próxima,
estaré a la altura.
Ya por la tarde
te pedí perdón
a la cara,
mirándote a los ojos
como si estuviera
inspeccionado un planeta.
Te abracé como
la personas
que tiene que 
ser abrazadas.

Por suerte y por desgracia
me acordaré siempre
de esa siesta.
Que nos sirva,
que te sirva,
pero sobre todo,
que me sirva
ya que seré
yo siempre
el que quiera
acompañarte.

martes, 5 de octubre de 2021

Mañana nos follamos

Es una frase que trasciende
al heteropatriarcado
sin ninguna intención
en clave sexual.

Mañana nos follamos
tiene que ver
con la defensa
del derecho
a estar triste,
si, estar triste
sin reproches
ni presiones.
Parece que no
pudiéramos
estar en la mierda
porque desde fuera
siempre se saben
las soluciones.
No funciona así.
Sin querer
desplegamos
nuestro egoísmo
más absoluto
porque hablamos desde nosotros,
no desde las que están tristes,
y eso no es justo
para quien quiera
o no pueda evitar
estar triste.

Este es mi alegato
con el que defiendo
la tristeza
a través
del espacio y tiempo
privados.
Rechazo la intromisión
de las buenas intenciones
porque no son suficientes
ni resultan efectivas
si no son asertivas.
Abogo por elegir
el refugio
que nos de la gana
sin represalias
de los que quieren
estar a nuestro lado.
Yo triste,
yo elijo
con quien compartir
mis sentimientos; 
eso no quiere decir
que ya no te necesite.

Cuando estoy triste
mis condiciones
son indispensables
para poder pasar 
el proceso,
entiendo que tú
tienes las tuyas,
pero es que ahora
no estamos hablando de tí,
sino de mí
y de cómo quiero estar triste
y cómo quiero dejar de estarlo.
Por supuesto 
que no es tan fácil
como escribir 
este texto,
pero no me da miedo
reconocer mis miedos,
lo que no me gusta,
lo que me destroza
por dentro.

Los habrá que no,
pero igual que soy dueña
de mi cuerpo,
soy dueña
de mis emociones.
Debes esperar
a que te de
el permiso necesario
para acompañarme.
Y cuando así sea,
pactaremos los términos,
me darás el beneficio de la duda
y tiraremos juntas
la teoría del determinismo
a la basura.

Seré yo quien
llame a tu puerta
por si estuvieras disponible.
Si accedes,
acuérdate
que no es necesario
que digas nada,
a lo mejor sólo
quiero que me escuches
sin que opines
ni me pongas ejemplos.
Sé que no estamos
acostumbradas,
pero hay otras formas
de cuidar la tristeza.
Se empieza
por el respeto sagrado
de lo que me está pasando,
y se termina
por el respeto sagrado
de cómo quiero/puedo llevarlo.

Necesito saber
que estás al otro lado;
pero también necesito
que hagas el mayor
esfuerzo de todos:
esperar a que esté lista.
Mientras tanto
hazme saber que te tengo,
que puedo contar contigo,
no me desvíes el tema
ni me pongas comparaciones
que no dan sentido
a lo que me pasa.
Por mucho bien
que quieras hacerme,
mírame y espera tu turno,
abrázame y no me sueltes
si te lo pido,
y cuida tus palabras
como si fuera
un recién nacido
lo que tuvieras
entre manos.

Mañana nos follamos
es mi más sincero
dolor por quién 
tengo enfrente;
mis ansias mágicas
por curarte todos
los males;
mi promesa de intentar
no fallarte
porque ya te han fallado
suficientes cosas;
mi afán por hacerte
de colchón
como ya te dije
un tres de marzo.
Pero sobre todo,
mañana nos follamos,
soy yo despojado
de intereses
más que el de acompañarte
hasta la muerte
si así fuera necesario.
Soy yo cuidándote
en sueños,
el único sitio
donde no necesito
tu permiso.
Soy yo pensándote
a cada instante.
Soy yo
estudiando la carrera
y la manera de cuidarte
con sobresaliente.
Soy yo arropándote
cada noche
y quedarme en vela
por si te sube la fiebre. 

Mañana nos follamos
soy yo,
y tú,
juntas,
para cuando lo consideres,
haciendo de la tristeza
algo consciente
y comunitario
en lo que poder apoyarnos.

_A mi hermana Marta_



viernes, 1 de octubre de 2021

Anoche soñé contigo

Anoche soñé contigo
también se puede decir
anoche tuve un sueño contigo.
Lo que más te convenga
con sus matices e intereses.

Anoche y soñé contigo
y tu rubio platino de 2004,
tus Converse
y camiseta a rayas.
Soñé que te sentabas delante
como la nueva que eras,
mientras hacía una promesa
adolescente
a mi hermano
de no sangre más antiguo.
La promesa no sólo
se cumplió,
sino que se mantiene
vigente.

Anoche soñé contigo
y con aquellas
primeras conversaciones
que nos acercaron
pese a que me sacabas
un año.
Soñé de nuevo
con el vértigo 
de lo inalcanzable
y la grata sensación
de estar más lejos que nunca
haciendo del sabor
de la distancia
una salsa agridulce.

Anoche soñé contigo
y con el último vagón
de San Cipriano
de las 7.30.
Soñé que se abría
la puerta
y allí estabas escondida
rodeada de un ejército
de mariposas.
Era mi estómago.
Llevábamos MP3
a pilas
y las primeras
confidencias del camino.

Anoche soñé contigo
y con tu estilismo pijerío,
mis camisetas ajustadas
y mis náuticos de calzado.
Me colgué de tu pelo
mil y una veces
mientras disimulaba
como olerte sin tocarte.

Anoche soñé contigo
y con primero de bachillerato.
Soñé con tus amig@s
de segundo
y con el hijo de puta
del granudo del Bacteria.
Soñé machista
que le ahogaba
con mis propias manos.
El destino,
menos posesivo,
hizo su parte
sin que yo interviniera.

Anoche soñé contigo
y con tu relación estrecha
con la de Economía.
No entendía dicho
privilegio
por la envidia
de mi madurez tardía.
Soñé con los paralelismos
que no compartíamos
y esa ansiedad enfermiza
que por suerte
no ha vuelto a corroer
mi cuerpo.

Anoche soñé contigo
y con tus esfuerzos
de integrarte
entre el niñerío.
Eras la novedad,
la estrella del pop, 
la fruta prohibida.
Soñando contigo
aprendí
a quererte
sin llamarlo amor
por el miedo
de no ser correspondido.

Anoche soñé contigo
y con las tardes de estudio
en el Sanur.
Presupuestos con
olor a pizza
y tocamientos accidentales
improvisados.
Soñé con el cachondismo
de la pre-madurez
y con la falta de límites
de una vida todavía burbuja.

Anoche soñé contigo
y con las quedadas en grupo.
También iban
tus amigas Las Divas,
y nosotros,
cada vez más niños,
detrás,
despacio,
pequeños,
sin tino.
Soñé con la bolera
y un grupo más reducido,
el entorno de confianza,
la magnitud de lo conocido.

Anoche soñé contigo
y con el día de AULA
donde deberíamos
orientar nuestro futuro.
Yo solo pensaba
en no euquivocarme,
en que me reconocieras,
en dar la mano
para superar lo taciturno.
Soñé que bien poco
me importaban los estudios;
cumplidor y honesto
yo solo tenía ojos
para el proyecto
en un Valle
que me marcó
el objetivo,
en un corcierto
que no olvido.

Anoche soñé contigo
y con aquella Semana Santa
en el pueblo
y tú,
en una bañera borracha.
En esa ocasión fuiste tú,
la que por primera vez,
soñó conmigo.
Me lo contaste a la vuelta
despreocupada,
como restándole importancia,
pero yo supe ver las señales,
empezaba Abril,
el preludio de nuestra llegada.

Y luego soñé contigo
y con el Albatros
de nuestros delirios.
Aquella noche
celebré susurros
y la muerte del pontificio.
Lo que quería
que supieras
te lo dije a la oreja.
Desde aquel entonces,
no recuerdo un beso
con tanto sentido.
El viernes faltaste
a clase por las muelas
y yo me morí por dentro.
Pero el sábado,
ay el sábado,
fue de mis últimos afeitados.
Ahora entiendo
que tú fuiste mi barba,
la que amo
y con la que no salgo
ni un solo día de casa.

Y después de aquella tarde,
volví a soñar contigo,
con el cinturón del sexo
en casa de un facha,
el viaje a Salamanca,
el musical en Gran Vía
y asignaturas olvidadas.

Por último,
anoche soñé contigo,
y cuando desperté,
resulta,
que estabas a mi lado
y yo al tuyo.
No había sido un sueño,
sino la memoria 
haciendo de las suyas.
Un amor de adolescencia
que hoy día
se atreve a seguir soñando.