jueves, 25 de octubre de 2018

4D

Habíamos quedado
el Sábado
a primera hora
sin tu consentimiento.
Igualmente
fuimos
a tu encuentro.

Desde que existes
has demostrado
tu pudor
a las cámaras,
o quizá sea
tu firme decisión
de no ser visto
hasta el momento
que elijas
(justo al escribir
esto, se me acabó
la tinta del boli 
¿casualidad?)

El caso 
es que fuimos.
Y vinieron.
Estábamos
más ilusionadas
que una noche
víspera de Reyes.
Y te vimos,
pero vimos
lo que tú
quisiste.
Un fémur,
el cúbito y radio,
un pie ambiguo,
una manita
balanceándose
como una cuna
empujada
por una madre,
los testículos,
o los huevos
tal y como 
lo denominó
la técnico;
a las cosas
por su nombre,
joder.
Te vimos
espatarrado,
tus nalgas,
mis ganas.

Y Mamá
que si se pone
a cuatro patas;
y que si te pone
la canción
con la que te
sueles mover:
"Mamá está triste,
Mamá quiere un abrazo".
Y nos descojonamos,
mejor dicho,
nos descoñamos,
porque
el acompañamiento,
aunque anónimo,
acompaña mejor
si es femenino.
Y lo era.
Y lo fue.

Nos procrastinaron
al Miércoles
para volverlo 
a intentar.


Aquel día
que quedamos
sin tu consentimiento
no te vimos la cara,
pero nos llevamos
dos sillas de Ikea.

No hay comentarios:

Publicar un comentario