martes, 7 de octubre de 2014

"Condenad@s" a no entendernos.

Estamos condenad@s, por suerte y quien pueda,
a enfrentarnos al prójimo.
En dos líneas ya he escrito dos palabras
más que religiosas
que explican esta confrontación
a veces,
impura (van tres con esta).
Pecado capital o no,
indiscutiblemente les debemos
gran parte de nuestro aprendizaje;
hasta que llega un punto,
un momento,
un segundo,
en que seguramente deberían darse cuenta
que ahora son ell@s l@s que más pueden 
aprender de nosotr@s.
No hablo de cambios para mejorar el mundo
ni de generaciones que anulen a otras
ni de comparar sus antiguas épocas
como factor mejor valorado.
Lo que quiero decir
es que llega un día
que sin querer-queriendo,
damos el salto al vacío
para desprendernos de ese cordón umbilical
tan arraigado en ocasiones,
que no permite que elevemos el ancla.
No lo permite porque
no nos han dejado cambiar,
no hemos querido elegir,
no somos quienes querríamos ser.
Y es que el enemigo
es más que ese
combate incorpóreo
por los siglos de los siglos.
La historia demuestra que se repite constantemente,
mi pesimismo me sitúa en la realidad,
tenderás a la moderación con los años,
son algunas de las cosas 
que puedes llegar a escuchar algún día
de "tus mayores"...
y razón no les falta, por eso es suya,
pero no es determinante 
para que la tuya sea igual.
Esta rabieta típica de adolescente
llena de acné y de hormonas descontroladas
nace de una conversación política 
(todas los son)
en debate con mi señor padre.
Me alegra que pensemos
radicalmente de manera opuesta
situándonos tan lejos
como años de diferencia nos llevamos.
Por eso no le voy a querer menos
ni le voy a odiar más,
justamente lo contrario surgirá
del convencimiento póstumo
de que no seremos iguales
y yo conseguiré aportar más.
No por competir,
no por ganar,
sino porque esos ojos tristes
de nuestros mayores
un día se suiciden
por una mirada con un prisma mejor avenido .

No hay comentarios:

Publicar un comentario