y menos egos expresivos.
La peña debería de probar
cómo suenan algunas cosas dichas
delante de más gente
y cómo suenan a solas,
para una misma.
Hay muchas diferencias.
Pero para qué,
lanzo lo primero
que se me venga
por la boca del estómago
y fuera,
ya lo he soltado,
que lo digieran otr@s.
Un poquito de prudencia
ya no por una misma,
sino por el resto,
es asertivo en todos los sentidos.
No opinar
si no te lo han pedido,
no precipitarse,
callarse la puñetera boca
de vez en cuando
para que no entren moscas 🪰🪰.
¿Es tan difícil?
Debe serlo,
no me extraña
que día sí y día también
estemos histéric@s.
De los soliloquios,
a veces,
vienen las musas,
los buenos deseos
y las grandes ideas.
También viejos
recuerdos agradables,
pensamientos necesarios
y expectativas ocultas.
Total,
nadie te va a juzgar.
De los soliloquios
surge la filosofía,
un poco de poesía
y tiaa la pedagogía
que anhelas.
También los
buenos propósitos,
la enmienda de errores
y las ganas de un
progeso más que absoluto.
Depende tanto
de en qué términos
podamos encajar la soledad...
A mí personalmente
me explota 💣 la cabeza 🤯
tanto ruido,
tanta palabra desarraigada
y tanta queja ajena.
¿Que si tenemos derecho?
Pues claro que hay derecho,
pero también lo hay
para protegerse,
para evadirse
o incluso para mandar
a tomar por culo.
Como siempre,
una vez más,
es un problema grave
de nuestras sociedades.
Más soliloquios
y menos megáfonos
cuyos receptores
de dicho mensaje
a lo mejor solo quieren
un partido de tenis
de ida y vuelta
o una senda de montaña circular.
¿Se me entiende, no?
Pues ale, a revisarnos.
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