viernes, 25 de octubre de 2024

Me pisa la sombra

No es que haya descubierto
su propia sombra,
sino que insiste en pisar la mía 
con el ánimo inconfundible
de caminar desafiante.
Si te sirviera
como las miguitas
que te llevan de vuelta a casa,
ADELANTE.

Tú no tienes la presión 
ni la prisa por llegar
a ningún sitio;
tú solo avanzas,
generalmente por detrás mía,
pisando las baldosas 
que yo piso.
No es armarse de paciencia,
sino comprender y aceptar 
tantos los deseos 
como las expectativas ajenas.
No es hacerlo despacio,
es hacerlo a su ritmo 
que seguramente 
y por inercia,
siempre esté revolucionado.

Zancadas cortas
y vista periférica 
como los barrios
de donde venimos.
Asaltando los cielos
y conquistando 
los suelos necesitados
de reformas.
Mirada desde arriba
hacia abajo
sin subordinaciones 
pero con las normas
suficientes como
para estructurar
el entorno más inmediato.

Desesperar es tan inútil
como esperar algo a cambio
para sentir que ya puedes
dar respuesta.
Insisto en mi primer
acompañamiento profesional
a quella casa de Navacerrada.
Desde entonces nunca
volví a ser el mismo 
y he seguido acompañando 
como la madre pájaro 🐦 
qué nunca abandona su nido.
A mi hija 
no la acompaño 
desde la profesionalidad,
pero sí desde la pedagogía 
que a todas nos hace falta.

Por eso nuestra sombras
son la misma 
alargando el cordón umbilical
hasta que ella quiera cortarlo.
Mientras tanto,
"la preparo"
para cualquier tipo de 
hostilidad a la que tenga
que enfrentarse,
ya sea para escapar 
de una cacería,
defenderse de una agresión 
o calcular el tiempo 
que dura el semáforo.

Cuando nuestras sombras 
ya no caminen juntas,
la suya tendrá tanto de la mía 
que la confluencia 
jamás podrá ser disuelta.

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