su propia sombra,
sino que insiste en pisar la mía
con el ánimo inconfundible
de caminar desafiante.
Si te sirviera
como las miguitas
que te llevan de vuelta a casa,
ADELANTE.
Tú no tienes la presión
ni la prisa por llegar
a ningún sitio;
tú solo avanzas,
generalmente por detrás mía,
pisando las baldosas
que yo piso.
No es armarse de paciencia,
sino comprender y aceptar
tantos los deseos
como las expectativas ajenas.
No es hacerlo despacio,
es hacerlo a su ritmo
que seguramente
y por inercia,
siempre esté revolucionado.
Zancadas cortas
y vista periférica
como los barrios
de donde venimos.
Asaltando los cielos
y conquistando
los suelos necesitados
de reformas.
Mirada desde arriba
hacia abajo
sin subordinaciones
pero con las normas
suficientes como
para estructurar
el entorno más inmediato.
Desesperar es tan inútil
como esperar algo a cambio
para sentir que ya puedes
dar respuesta.
Insisto en mi primer
acompañamiento profesional
a quella casa de Navacerrada.
Desde entonces nunca
volví a ser el mismo
y he seguido acompañando
como la madre pájaro 🐦
qué nunca abandona su nido.
A mi hija
no la acompaño
desde la profesionalidad,
pero sí desde la pedagogía
que a todas nos hace falta.
Por eso nuestra sombras
son la misma
alargando el cordón umbilical
hasta que ella quiera cortarlo.
Mientras tanto,
"la preparo"
para cualquier tipo de
hostilidad a la que tenga
que enfrentarse,
ya sea para escapar
de una cacería,
defenderse de una agresión
o calcular el tiempo
que dura el semáforo.
Cuando nuestras sombras
ya no caminen juntas,
la suya tendrá tanto de la mía
que la confluencia
jamás podrá ser disuelta.
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