viernes, 30 de agosto de 2024

La balada de Peñaranda de Bracamonte

Desde 2011 viéndole en casa
y viajando lejos de ella 
con todo el amor musical posible.

Tocó está vez 
un pueblo de Salamanca 
en el maravilloso entorno 
de un cole público 
llamado Miguel de Unamuno.
Habiendo desgastado el Norte 
y las nostálgicas temperaturas,
a la pequeña cachorra 
le tocó echar el ancla 
y procrastinar su estreno.
Sin embargo el mayor,
con más experiencia y tablas,
se tragó la carretera de los pantanos
para no pagar peaje.
Llegamos hasta donde llegamos.

Casi con la misma emoción 
de mi primera vez,
afronté el evento
lleno de expectativas,
abierto a las sorpresas 
y genuinamente preparado
para cuando le llegase
el turno a esa canción 
que no compusimos,
pero que hicimos nuestra
con códigos, leyes y normas propias.
El ritual constitucional de La Mariana.
Su emoción se basaba
en estar con sus pamadres 
sin importar el motivo o la excusa.
Sabemos que esto tiene 
fecha de caducidad,
pero hasta entonces,
que nos quiten lo bailao.

Le hizo ilusión el hotel,
lo que más,
pero luego se deshizo
en la feria
para llegar al éxtasis 
en el concierto.
Unas pizzas en el
restaurante Castilla
para conmemorar
a l@s comuner@s
y una siesta de dos horas 
con aire acondicionado incluido.

La tarde fue cogiendo forma
mientras vimos parte del ensayo 
del advenimiento 
de una noche-estribillo.
Colamos comida, agua
y una navaja,
por lo que pudiera pasar.
Saludamos a Richard,
el jefe del merchand
al que hace años
le hizo unas cuantas peticiones.
Adquirimos unas camisetas
para sentir la pasión
de la banda
y un amor adolescente 
que sabe y huele a añejo.

Nos acordamos mucho 
de la cachorra 
y soñamos furistas
en su primera vez.
No viajamos hasta allí 
para ver a los teloneros,
así que replanificamos
los pasos y pactamos
tres cacharritos.
Previamente hubo
una excursión de reconocimiento 
para encumbrar un parque,
un par de souvenirs
y una iglesia modernista
con misa incluida.
No volvimos a comer nada más.

El escenario estaba montado
y la gente nos estaba esperando,
llegamos justo a tiempo,
como siempre.
Con el 5 de fondo
como sus años,
sonaron todas nuestras canciones,
las antiguas y las más recientes,
con las fotos
alumbrando el cielo de Castilla 
y una estrella fugaz 
que solo fue capaz 
de ver él.

Experimentamos ese
momento que nos vuelve locas,
agarradas las manos
y los cuerpos volando,
con una sonrisa inequívoca,
sin equidistancias,
altruista y conectada 
desde el útero,
desde la cuna.
Nos fuimos sonando la última
32 escaleras,
como las mareas,
a favor o en contra de ellas
según proceda.

Nos acostamos a las tantas
y amanecimos como siempre,
las primeras.
Volvimos a nacer,
hemos vuelto a vencer.

_A su segundo concierto profesional,
Rulo Y La Contrabanda_

jueves, 29 de agosto de 2024

La balada de Campocima

Lamuño a la derecha de la A-8,
tercera salida de la 
primera rotonda,
recta en la segunda 
y a coger el camino 
tres kilómetros
hacia la casa de la ladera.
Antes habíamos pasado
por San Juan de la Arena,
donde desemboca el río Nalón,
el mismo que nace 
cerca de una fuente 
en el puerto de Tarna,
arriba de la Puebla.

Casi todo está relacionado
y si no lo estuviese,
ya nos buscamos las mañas 
para que lo esté.
La Farru regentaba el lugar
con sus cuatro pollitos
y sus cinco amigas
y Sam,
un perro reencarnado
en la hospitalidad
más absoluta 
nos dio unos buenos rabazos.
El objetivo siempre
pasa por disfrutar,
pero también por tener
en cuenta la gran tarea 
de los cuidados
dirigida hacia cualquier ser vivo.
Así lo hicimos
porque no sabemos 
hacerlo de otra manera.

Durante todas las vacaciones
fuimos viendo 
aquellas flechas amarillas
que marcan un camino 
demasiado comercializado,
pero con una historia 
tan profunda 
como cada paso transcurrido.
Así descubrimos 
la primera playa de nuestro
tercer tramo,
desde el hospital de los peregrinos 
en Soto de Luiña
hasta llegar con lluvia 
a San Pedro de la Ribera.
Es fantástico que el Norte
te obligue a jugar
a sacar el chubasquero
y ponerse las capuchas.

Repetimos en aquel
sitio para caravanas 
con una de las maestras
de nuestra vida,
y con su Fer,
porque a diferencia de Nina,
Ana no pierde nada
y a nadie en su paseo.
Qué ilusión tan grande
disfrutar de tu gente 
en lugares más amables
que los que acostumbramos.

Que se jodan los youtubers
evasionisitas,
a él se le cayó su segundo diente
un martes y trece
porque todavía no conoce
las supersticiones.
Por eso fuera de casa 
es cuando más colecho hacemos
y según el día,
o mejor dicho la noche,
nos intercambiamos
entre sofás, camas y mantas.

Cudillero sigue siendo
el mismo pueblo pesquero,
laberíntico y rocoso. 
Las que no somos las mismas
somos las personas,
pegándonos por el aparcamiento,
las aceras y las reservas.
Incluso así, vimos
que todavía quedaban
rojas y feministas,
un revulsivo 
como cuando parecía 
que todo iba a cambiar
para luego no cambiar nada.

Calabacines y sidriñas,
aperitivos y cafés 
a la misma hora de siempre 
y la gente de siempre
en distintos puntos cardinales.
En Luarca se aparca a las afueras 
y se tiran a la virgen al mar,
dónde fueres haz lo que vieres.
Por eso ni coches
ni muñecas de madera,
son fáciles de arder.
El primo Sergio 
y el astillero de Navia
en fiestas para dar 
descanso y regocijo
a toda la podredumbre
de lunes a viernes.
Fuimos a la playa de Cueva 
para encontrar un 
poco de sombra 
seguramente en el día 
más caluroso del verano
en el Norte.

Camis sociales,
camis musicales,
camis conceptuales.
Sin mangas para enseñar 
el eterno palo zamorano
y las recientes estrofas
sobra las inspiraciones.
Del barrio al palacio 
porque los ricos
no podrán esconder
su patrimonio,
ni sus muros,
como el de Nalón.
Mi capitán, mi comandanta,
cenas, crianzas y cuentas,
cuentas pendientes 
que no tengo vida
para saldar.

Aquella excursión
al bosque de Eucaliptos
nos cambió la mirada
por el hecho de que
intentarlo,
a veces,
tiene recompensas 
a modos de descubrimientos 
y oportunidades.
Escuela y pensamiento,
como las griegas.
Otra piedra en
la playa de Frejulfe
para sellar un equipo
entre Galicia, Asturias y Madrid.
Nunca estuve con tanta maestra junta.

Nos quedaba un mirador,
el de Vidio,
pero la niebla, la lluvia
y las cabras nos lo negaron.
Otra excusa para volver
que no necesitamos
porque hace mucho
que mal dimos cuenta
del dónde y con quién.
Una bella forma de despedirse 
de las tierras 
que nos vieron crecer,
las que nos han constituido 
y las que construirán 
a nuestr@s hij@s.



domingo, 25 de agosto de 2024

La balada de Naveces

Fuimos en tirolina
desde el Puerto de San Isidro 
a Naveces, Asturias.
Todo un año planificando
nuestro viaje al Norte 
y cuando llegamos 
la frenada nos amortigua suave
el brinco que nos impulsa
para todo lo que
estábamos buscando.

La casa de Yayo
era de 1710,
pero rebosaba una
hospitalidad milenaria.
Hicimos los desayunos 
y aperitivos en el jardín,
les pusimos pegatinas
de colores a unos
cuantos caracoles 
y abrimos las puertas 
por la mitad
porque en los pueblos
las cosas se hacen
de manera distinta.

Las Bahínas fue
la primera playa 
y huir de la espuma
saliente de las olas
nuestra actividad favorita.
Una piedra de cada cala
para añadir otra colección 
sagrada,
recorrer decenas de metros
para tocar un agua
que climáticamente 
debería estar más fría,
traernos arena pegada 
en el cuerpo a Madrid
porque las históricas
minas de carbón 
se arraigan como la mejor
de las relaciones.

Nunca entendí por qué 
los surferos tienen 
más derecho 
al terreno oceánico,
mientras el resto
asumimos la prohibición 
del baño en un lugar público.
La supuesta categoría pija
de la de Salinas,
el enclave paradisíaco 
dónde confluyeron 
unos cuentos curros
de La Ñora,
la utilizada popularmente 
los fines de semana
de Santa María del Mar
donde aparcar es un reto,
pero en la que coger las olas
fue toda una hazaña.

La suerte que tuvimos 
en no cruzarnos a nadie
en aquel camino de doble sentido
durante 7 días y 6 noches,
se contaresta con
cuando nos toca
elegir cola para pagar el peaje.
Ninguno y cada uno
de los kilómetros 
fueron en balde
pese al precio 
del carburante.
Asturias,
en cualquiera de sus variantes,
es otra movida,
lo sabéis vosotras
y lo sabemos nosotras.

Por eso es una especie
de respiro ante tanta
criminalización padecida
durante el año.
Cada mirador,
cada camino estrecho,
cada animal de campo,
cada pueblo escondido,
cada túnel oasis,
cada paisano que acoge 
el turismo destructivo,
son medicinas naturales
para combatir las carencias
del curso.

Los faros atalayas
como el de Avilés 
y Cabo Peñas,
algunos nuevos
y otros redescubiertos
con otras piernas;
los precipicios grietas
que te enseñan 
dónde es mejor no caer,
pero que sin embargo
te embriagan la observación;
una ciudad entera
como la de Gijón,
con su Cimadevilla 
como estandarte,
con sus cuestas sin meritocracia.

Volver a lugares conocidos 
y queridos 
con gente pequeña, nueva
y amada,
es otra manera de viajar
hacia lo salvaje,
con un desconocimiento 
propio y humilde
de quiénes quieren
volver a sorprenderse
con la inocencia de un niño.

Lo hemos vuelto a hacer,
con todas las intensidades
que arrastramos 
pero con una voluntad sana
y exploratoria 
de lo que no podemos
disponer el resto de meses.

viernes, 23 de agosto de 2024

La ciudad inhabitable

Cuántos más somos,
más gente quiere
que seamos menos
por eso de sentir las raíces.
Raíces secas y muertas 
bajo el asfalto a cincuenta grados 
que solo simpatiza 
con los coches,
porque claro,
la calle no es nuestra.

Referentes como el Carapolla,
el mafioso Tito Floren 
o la sociópata de Ayuso 
con sus medios,
son los que construyen 
la ciudad a su gusto
generando opinión y relato.
Ell@s y el verano
adueñándose de los campos
y el invierno.
Madriz con zeta de nazi,
no por el acento pijo y burgués.

Los barrios subsistimos 
como flaco favor 
para nuestras vecinas
y por el privilegio 
de los de arriba.
La clase se define
por la ventana 
abierta o cerrada.
Capital de la hostilidad 
y de los pisos turísticos.
Comprar barras de pan
en casas de apuestas,
impuestos para mantener iglesias,
tenderas suicidas
que echan el cierre 
porque no pueden
competir con los precios 
de las multinacionales.

En verano todo
se magnifica para mal 
porque las olas de calor
sustituyen a las olas del mar.
Íntimamente relacionadas,
las olas,
incrementan su nivel y su empuje 
para echarnos de
unos océanos 
con profundidades 
llenas de plásticos.
Pero eso a Madrid le queda lejos
por no tener costa
y por creerse el ombligo
del mundo,
como si de aquí surgiera
todo lo importante,
como si las de aquí 
tuviéramos mas protagonismo 
para según qué cosas.

Madrid me parece
la ciudad inhabitable 
por antonomasia:
opresiva,
calorífica 
y antipática.
El bochorno climatológico 
es solo equiparable
con la vergüenza ajena
que me produce esta ciudad 
y sus ídolos de barro.
No soy enemigo
pero voy en contra 
de este Madridcentrismo 
que rezuma a sangre de toro,
polvo de ladrillo
y celulosa de billete.

Sin excusas,
salgamos en cuanto podamos 
a conocer y descubrir 
que hay más allá
de esta parte de la Meseta.

viernes, 9 de agosto de 2024

El que acompaña

Ese soy yo.

En el curro me profesionalicé
acompañando 
pero es que ya venía 
acompañando extraordinariamente 
desde hace años.
Nunca pedí méritos 
ni reconocimientos,
para estos siempre
preferí un papel secundario.
Despacito y sin hacer ruido,
atento y preparado
para lo que viniese,
consciente y comprometido 
con mi tarea 
de mantenerme 
al mismo paso,
delante para abrir el camino
o detrás para favorecer 
la independencia.
No puedo evitar acordarme 
de aquella casa de Navacerrada.

Yo también he padecido 
la soledad del corredor de fondo 
y no me refiero a los 2.300 metros
de la carrera popular del barrio.
Odio correr,
pero si se trata de acompañar 
mi resistencia no se agota,
no se rinde,
no se resiente
valga la redundancia.
Sin entrenadoras ni coachs,
tampoco gurús ni líderes,
con mis mochilas 
y mis uñas de colores,
pese al sol,
pese a la ausencia de la lluvia.

Porque así lo negociamos
para pactar 
en un bar de barrio 
el verano pasado.
En las decisiones adultas
no tienen porqué estar
presentes l@s niñ@s,
pero todo lo que planificamos
aquel día 
fue para protegerles 
y asegurarles su bienestar.
Así lo hicimos
y nadie ha salido
malparado.

El que acompaña 
tiene un papel determinante
como lo tiene la persona
que acompaña a la mujer
que va a parir.
Si uno tiene que asegurar 
que se cumpla
el plan de parto,
también tiene que asegurarse
que se cumpla 
el plan de oposición.
Yo he cumplido esa función 
varias veces,
tanto de una,
como del otro.

El que acompaña 
es el soporte,
la cobertura,
el abanico de posibilidades,
el conducto de ventilación,
el de la red de alternativas,
el que diseña el plan B, C
y los que hagan falta,
el que cubre 
los huecos
que se sienten vacíos,
el que asegura 
el cumplimiento 
de cualquier necesidad básica.

El que acompaña 
debe cuidarse y ser cuidado,
quizá con otros tiempos,
con otros ritmos,
con otros matices distintos
en sus necesidades.
Es el copiloto,
el que no suelta la cuerda,
el seguro de vida,
la fuente de agua.
Soy experto 
e inigualable
en dicha tarea,
como si fuera un rapero 
imbatible lanzado beefs
a diestro y siniestro.

Soy el camino,
la línea,
la sombra,
la fe inquebrantable,
la montaña intacta,
el basto océano.
La disponiblidad absoluta
la batuta de la orquesta,
el mando de puesto
respetuoso,
el colchón antiguo 
pero el colchón favorito,
los zapatos bien cuidados
y la pisada perfecta.

El que acompaña 
reta a muerte a la soledad 
insana de las que solo 
buscan solidaridad 
en el tránsito.
Un hueco inesperado 
en la grieta megalómana,
un refugio inhóspito 
en la hostilidad
de la tierra virgen,
un lugar donde apoyarse
en medio de la desestabilización
feroz y salvaje.

El que acompaña bien
no se sustenta
en la cultura del esfuerzo 
y el emprendimiento,
el que bien acompaña 
nada humilde
hasta en la trampa
más farragosa y umbría.
Acompañar y amar 
son los únicos verbos 
posibles
dentro de lo que implica 
no sentirse sola,
incomprendida,
juzgada.

El que acompaña 
se equivoca precisamente 
por intentarlo
y padece las consecuencias 
del que va delante.
Se resiente, se magulla
y grita en silencio
por no resultar molesto.
El que acompaña 
es como la pinza 
que se precipita 
por la ventana 
sin miramientos 
pero que espera paciente
en el suelo
a ser recogida por alguien,
por algo, por todas.

El que acompaña 
no busca la perfección,
sino la planificación correcta
de las condiciones 
que posibiliten
al resto y a uno mismo
las oportunidades 
óptimas y justas 
para que cada una
se desenvuelva
como quieras y pueda.

Nos pasamos la vida entera
acompañando,
la suerte es sentir
que te acompañan 
de por vida.
Ese quiero ser yo.