sábado, 4 de mayo de 2024

Se le va la vida

El otro día,
frente a la parada de autobús,
justo en otra parada de autobús,
varias sanitarias se encontraban
haciendo lo que parecían 
maniobras de reanimación.
Una de ellas, exhausta,
se retiró y continuó 
con la maniobras un policía municipal.
No me alcanzó la vista
para ver el cuerpo 
que seguramente 
se estaba debatiendo 
entre la vida y la muerte,
solo pensé en mi hija
que estaba a mi lado
sentada en el carro
comiendo una galleta,
ignorando la gravedad del hecho.

También pensé 
en si esa persona
volvería a casa
como vuelvo yo por las tardes,
con unas ganas insoportables 
de volver a ver l@s mí@s.
O si l@s suy@s
recibirían la fatídica llamada
de que se la ha ido la vida.
No me puedo imaginar 
el desenlace de aquel 
suceso sin que se
me pongan los pelos de punta,
no puedo.

Salir de casa,
respirando normalidad,
sin el temor de que vaya
a pasar algo malo,
y que de repente,
el último aliento,
se te vaya en una marquesina 
de autobús.
Terrible.
Los accidentes ocurren,
lo sabemos,
pero por un mecanismo
de defensa acertado,
nos creemos impunes 
a eso de que nos
cataloguen como víctimas.

La simplificación de la vida
también es un mecanismo de defensa;
reducir daños es obligatorio,
quitar importancia sano
y la ignorancia alentadora.
Que no nos pase nunca nada malo
puede ser un lema,
un propósito,
una esperanza.
Que te cambie la vida
de esta manera
o que les cambie al resto
no es justo.
Cada cual le dará 
sus significados,
pero el resultado
sigue siendo un
resultado de mierda.

No te queda otra 
que visibilizar la posibilidad 
de vez en cuando
y abrazar fuerte 
a l@s que te rodean,
y dejarte abrazar 
con la presión suficiente 
como para que sientas 
verdaderamente 
que quieres seguir 
aferrad@ a lo que tienes,
a lo que has construido,
en lo que te has convertido.

Aquella imagen
me golpeó fuerte,
una espeluznante sensación 
de soledad, vacío e inexistencia.
Ojalá te salvaran la vida
y volviera el aire a todas tus cavidades.
Cogimos el autobús 
que nos iba a desconectar 
visualmente,
pero te pensé y deseé 
que no se te fuera el aire
para que pudieras 
seguir cogiendo 
autobuses 
aunque sea en dirección contraria.

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