y vuelves a cumplir años,
ésta vez sin confinamiento
y con un poquito
menos de miedo
en el cuerpo.
Siguen las ciudades
deshbaitadas
por un mínimo
de humanidad,
y los campos arrasados
ya no les importan
a nadie.
Tu cuerpo,
más crecido,
combate
lo mejor que puede
el ambiente extraño
de todo lo que
nos hemos perdido.
Entre tanto,
entre medias,
has seguido acompañando
a l@s que había
que seguir acompañando,
porque aunque
a veces se pierda
la referencia,
el impulso
de la inercia
te permite seguir
cuidando.
Hemos salido de ésta,
como todo el mundo
que no ha muerto,
a su manera,
ha podido salir de ésta.
Naces por
trigésima cuarta vez,
para seguir tomando
el café de siempre
y pisando fuerte
como me enseñaste.
La historia ilustrada
de los comienzos
que recoge amable
a todo aquel,
a toda aquella
que fuimos adoptando
por el camino
para hacerles parte
de algo que
no fuera ausencia,
bien merecerá otro texto
en una semana.
No son tus años,
es tu manera de abordarlos
con derroche
de todo lo bueno
que estábamos buscando.
Porque quién la sigue
la consigue;
quién la persigue
la acaba encontrando.
Una suerte
de mapa del tesoro
sin rodeos
y mensajes claros.
Un libro en contra
del revisionismo
para empezar de cero,
con la memoria,
a escribir la verdad
que todo el mundo
tanto teme.
Como digo,
no son tus años,
son tus victorias
y tus fracasos,
tus dianas
y tus anhelos,
tus metáforas
y asignaturas pendientes.
Todo eso eres y somos.
Que tus mejores años
no se agoten nunca
y nos des el
permiso necesario
para seguir estando.
No es la mochila,
es el abrazo
de todo
lo que abarcas.
_ A tus 34_
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