jueves, 4 de marzo de 2021

La soledad

Dicen de la soledad humana,
pero que se lo digan
al Sol
que nadie puede mirarle
más que unos escasos
segundos.

Me proponen escribir
sobre la soledad
y acepto
como si fuera
un certamen literario.
Escribo desatribuido
porque yo solo
experimenté la soledad
de adolescente,
ni antes,
ni después.

Desde la teoría
existencialista
entiendo
que la soledad
es parte inequívoca
de la vida
aunque en algunos casos
pudiera quitártela.

Creo que no 
sentirse acompañada
duele.
Que escuchar
y que te escuchen
se olvida pronto.
La ausencia del tacto,
olores reconfortantes
y los descubrimientos
son como de
otra época.
Sobran motivos
y no hacen falta excusas,
pero luego no es tan fácil.
Desvincularse
del confort
entrecomillado
de lo conocido
debe ser como
desgarrarte por dentro.
Asumir 
anhelos de emociones
y trazas de sentimientos
que sólo forman
parte de la memoria
te desinfla como un globo.
Romper con parte
de tu historia
y sufrir las consecuencias
aterra, anula.
Lo que te puede decir
tu círculo más allegado
no cura,
no alivia,
porque no buscas alianzas,
solo recuperar las fuerzas.
Desde fuera y ajenos
siempre ha sido
fácil opinar.
Tú solo quieres
que se te tenga en cuenta,
que te piensen
con espontaneidad
y que te cuiden
en sitios que antes
eran mágicos.

No es lo mismo
el miedo a la soledad,
que la soledad
entre fantasmas.
Cuesta hasta
lavarse los dientes
porque el peso
y la carga
están incontroladas.
Luego están
los motivos y las causas,
los porqués
y los para cuándo,
pero nada de eso importa
cuando te encuentras
consumida por
el paso del tiempo
y las zancadas de los otros.

Imagino
que de la soledad 
se sale,
pero es ardua,
tediosa
y reincidente.
Aquí no hay consejos
que valgan
ni experiencias
en las que compararse.
Es como nacer
y que Nadie te coja,
no porque Nadie
no quiera hacerlo
sino porque tú
no estás en condiciones.
Esos Nadies
con nombre propio
y sufrimientos
equiparable al tuyo,
están esperando
tu permiso,
tu guiño,
el momento preciso
en el que puedas decidir
aquello
que te permita
estar disponible.
Con cautela
y la mano abierta 
para cuando quieras
llenar la tuya.

Cuando decidí
escribir sobre
la soledad,
lo hice a sabiendas
que me encuentro
fuera de ella,
en una estricta intimidad
para favorecer
las hipótesis
y la empatía,
por lo que puede
que esté muy alejado
de lo que me 
estabas pidiendo.
Nadie debería
estar privado
de la realidad
del perdón,
las gracias
y el te quiero.

Me visto de mensajero
para hacer el intento
de calmar mediante palabras,
el alma en el que yo no creo.
Lo que no excluye
que la tuya
no tenga remedio,
quizá el tiempo,
quizá el beso.
La única certeza 
de este texto,
aunque ahora no podamos verlo,
es que no estamos solas
en este mundo
que se empeña en ello.

_A las soledades y anhelos
de las gentes
en momentos frágiles_

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