sin tapujos, sincera,
abierta a dar todo
lo que te apetezca
y guardarse de reserva
lo que puede ser aplazado,
sin culopollismos,
como diría mi vieja.
Besar consentidamente
en toda dirección
por la que quieran
que vengan los besos;
húmedos e hidratados
para que la piel se acuerde
de dónde venimos.
Escribir ✏️ como si
estuvieras follando,
abierta y deseosa
de placer correspondido,
eligiendo cada palabra,
cada postura,
como si fuera la última.
Caminar sin cesar
como la poeta
que utilizaba un pseudónimo
para relatar las ansias
de libertad;
desafiantes con cada paso
desde que descubrimos
esa canción
que te hizo apretar los dientes.
Mirar el vuelo
de aquellas aves migrantes
que buscan lugares
mas amables,
con mejores oportunidades
para desplegar todo
el potencial de sus alas.
Escuchar debería de ser ley,
penada en caso
de no cumplir
con las necesidades
de la simpleza
de lo que se te demanda:
callarte la puta boca.
Contar lo que quieras
y con quieras,
sin compromisos,
ni presiones,
ni obligaciones,
con formato y estilo propio
para que nadie
se apropie de tu discurso.
Yo una vez conté
con un puñado de maderas
artesanales
que ahora sirven para guardar
horquillas y coletas.
Coger todo el peso
que puedas
para que luego puedas
sentir la liberación
y la rebeldía del tránsito.
Y vaciar, vaciar
todo lo tóxico
que no te permita
un gesto tranquilo.
Gritar para renunciar
sobre lo que no te gusta
y que se entere el resto
cuál es su lugar
respecto a ti,
o cuál debería ser
para convivir sin angustias.
Tocar como se tocan
siempre las flores,
delicadamente, suave
y sin romper.
Oler, quien se atreva
y quien pueda
con el resto de sentidos
que no necesariamente
pasan por el olfato.
Recordar, descubrir y/o proteger
quién eres y quién
te gustaría ser
con independencia
de tu exigencia
y la prepotencias de los demás.
Toca conjugar, chavalada,
pensároslo.
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