mis treinta y ocho,
sabiendo que los errores
cada vez pesan más
por haber tenido tiempo de sobra
para aprender de ellos,
y seguir cometiéndolos,
eso es lo que más duele,
como digo, lo que más pesa.
Cumplir años nunca me
hizo ilusión,
no por sumar cifras,
ni por las posibles celebraciones.
Pero desde que Miraflores
nació con su sentencia dada,
sin duda lo vivo como
algo único en el mundo.
Compartir aniversario
con una de mis hijas
resulta inspirador
e incluso extraordinario.
Los balances me molan,
las balanzas las destruía todas.
Valorar los hechos
con el propósito de mejora
es una expectativa incipiente.
Que me pesen los hechos
según cuales,
es harina de otro costal.
Por eso, quizá, me despojo
cada vez de más cosas,
de mierda sobrante
en forma de objeto, emoción,
idea o incluso persona.
Porque el tiempo cuenta,
que es de lo que se trata
en ultima instancia
cuando uno cumple años.
Cuenta tanto
que casi siempre
es irreversible
el sentimiento
de no haber llegado a tiempo,
de haber llegado pero mal,
o de no haberlo sabido aprovechar.
Mi ética ya no se basa
en poco más que en eso.
No quiero conformarme
con los restos,
pero quiero blindar todo
lo que tengo.
Me podría morir tranquilo,
no quiero sorpresas,
no quiero innovar,
no me gustan los emprendimientos
y me gustaría
que la extinción no existiese.
Hasta aquí he llegado
con mis treinta y ocho;
me planto ante lo fugaz,
ante lo efímero.
Solicito una enmienda de censura
para parar a tiempo.
Tengo mi castillo 🏰
asediado de pasiones humanas,
de salvajes fieras
y de poetas oscuros.
No quiero habitar el olvido,
pero quiero transitar
la memoria de la
manera más digna que pueda.
En esta mi guerra
nacimos para vencer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario