sobre el E3 y el 130,
autobuses míticos
de mi barrio,
hoy lo voy a hacer
sobre el 152,
otro autobús de un barrio
muy distinto.
Zona centro, gente pija
y actitud burguesa.
Lo que pasa es que
los buses los llenan
las curritas
y las señoras jubiladas
caramente vestidas.
Lo utilizo para volver
a casa, pero no me
hace sentir cómodo
en ningún momento
de su recorrido
mientras vamos enlatadas
viendo escaparates de élite,
restaurantes con el filete
a 50 pavos
y claramente una
horda de fachas
que caminan
por su territorio.
Ni siquiera sus buseros,
que seguro serán
de otros barrios,
me resultan agradables.
La urticaria
que me produce
la zona de Retiro
es casi inexplicable
pese a los 10 años
que llevo transitándola.
No lo puedo evitar
ni soportar
y cada vez es peor.
Sentirme de clase
y vivir mi clase
es lo que me mantiene firme.
No se me olvida que mi hija
produjo que durante
tres curso se me hiciera
más llevadero
este tránsito
por arenas movedizas.
Ahora que no la tengo
en mi desplazamiento diario
sufro más las consecuencias.
Da igual la soberbia
de esta peña,
nunca podrán
impartirle clase al sol.
Mientras subimos la amplísima
Avenida de Menéndez Pelayo
con mi banda sonora,
me imagino purgando
de mil maneras
esas calles limpitas del centro.
Los Retiros deberían
ubicarse en la periferia
para que vinieran a exhibirse ellos
y no nosotras.
El 152 es un medio público
que me produce bastante asco
por diversos motivos
y que me reafirma
en el bando que quiero estar,
porque insisto, claro que hay bandos
y claro que los va a haber
cada vez con más rotundidad.
Si quieres militar
puedes elegir dónde y cómo,
pero solo hay un bando correcto.
También hay enemigos
en las marquesinas.
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