lunes, 16 de febrero de 2026

El 152

Si en su día escribí 
sobre el E3 y el 130,
autobuses míticos 
de mi barrio,
hoy lo voy a hacer 
sobre el 152,
otro autobús de un barrio
muy distinto.
Zona centro, gente pija
y actitud burguesa.
Lo que pasa es que 
los buses los llenan
las curritas
y las señoras jubiladas 
caramente vestidas.

Lo utilizo para volver 
a casa, pero no me
hace sentir cómodo 
en ningún momento
de su recorrido 
mientras vamos enlatadas
viendo escaparates de élite,
restaurantes con el filete 
a 50 pavos
y claramente una
horda de fachas 
que caminan 
por su territorio.

Ni siquiera sus buseros,
que seguro serán 
de otros barrios,
me resultan agradables.
La urticaria 
que me produce 
la zona de Retiro 
es casi inexplicable 
pese a los 10 años
que llevo transitándola.
No lo puedo evitar 
ni soportar
y cada vez es peor.

Sentirme de clase
y vivir mi clase
es lo que me mantiene firme.
No se me olvida que mi hija 
produjo que durante
tres curso se me hiciera
más llevadero
este tránsito 
por arenas movedizas.
Ahora que no la tengo 
en mi desplazamiento diario
sufro más las consecuencias.

Da igual la soberbia 
de esta peña,
nunca podrán 
impartirle clase al sol.
Mientras subimos la amplísima 
Avenida de Menéndez Pelayo 
con mi banda sonora,
me imagino purgando
de mil maneras
esas calles limpitas del centro.
Los Retiros deberían 
ubicarse en la periferia 
para que vinieran a exhibirse ellos
y no nosotras.

El 152 es un medio público 
que me produce bastante asco
por diversos motivos 
y que me reafirma
en el bando que quiero estar,
porque insisto, claro que hay bandos 
y claro que los va a haber
cada vez con más rotundidad.
Si quieres militar
puedes elegir dónde y cómo,
pero solo hay un bando correcto.
También hay enemigos 
en las marquesinas.

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