jueves, 22 de enero de 2026

Calentar las manos

+ Papá ¿te caliento las manos?
Ella siempre tiene
una temperatura 🌡️diferente,
una de esas con la
suficiente empatía 
como para darte
calor 🫠 o frío 
según lo que necesites.
No es que se ponga
los zapatos 👞 🥿 del otro,
sino que se sabe de sobra
los diversos caminares
para adaptarse a todas
las situaciones.

Abre el gesto
de sus manos pequeñas 
para indicar consentimiento,
preocupación y dedicación,
dando la posibilidad
de que las mías 
se acerquen a las suyas 
para sentir 
el coque tectónico 
de nuestras palmas 
junto con el reposado
aleteo de nuestras falanges.

Me mira 
mientras yo aparto la mía 
para centrarme 
en sus delicados movimientos 
de alante hacia atrás.
Aprovecho para poner
mi mejor cara de regocijo 
para encontrar en la suya
la satisfacción del
complacer a alguien.
El frote suena
como a palo de lluvia 
y me imagino un olor parecido
a piel de naranja 🍊 🧡.

+ ¿Ya, papá? ¿Están calientes ♨️?
- Todavía no, hija, sigue un poquito más.
Y continúa comprometida 
con la causa y el propósito 
de cuidar y calentar
más que un radiador eléctrico 
cuya electricidad controlan 
las multinaclonales,
pero ella, ay ella,
capaz de gobernar
todo mi universo conocido 
y por conocer.

No me canso de insistir
en la importancia 
de los gestos, del detalle oculto,
del matiz inverosímil,
de la idea desproporcionada
por la que nadie apuesta.
Sentirme atrapado
en sus fauces 
como si fuera una mosca 🪰 
dentro de una planta carnívora 
me parece una buena
manera de morir.

- Ya las tengo calentitas, gracias 
¿mañanas me las calentarlas otra vez?
+ Claro que sí, papá.
Y cada cual vuelve a su juego,
a su tarea, a sus funciones 
deseando que llegue
el día siguiente
para volver a exprimir 
esta pequeña escena 
de cuidados, amor ❤️ 😍 
e ideología.
Porque sí, se llama
la ideología de conectar 🧩.

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