Viaje relámpago 🚗 🌩️ de ida y vuelta en apenas
24 horas donde no
vimos la bahía,
pero sí que sentimos la humedad
en cada poro de la piel,
con cada acorde
que salía de las guitarras.
Sumar kilómetros
es otra mis cosas
favoritas de la vida,
y hacerlo llenas de humo,
migas y sudor
no está pagado en ocasiones.
La excusa un fin de gira.
El propósito seguir
construyendo sin interferencias,
sin interrupciones,
con la mirada en un solo sitio.
Las ganas, como siempre,
desbordadas, pero debidamente
planificadas para que nadie
padezca consecuencias negativas.
Incluso así pesa,
pesa delegar y liberarte
unas horas porque eso
quiere decir que alguien
se está haciendo cargo.
Se lo explicamos
aunque se mueran de pena,
aunque nos muramos de pena.
Que lo necesitamos
y lo vamos a hacer
con la mejor
de nuestras intenciones,
con todos los detalles
bien medidos
y todos los cabos
bien atados.
Porque es difícil
que se nos escape algo
y porque es nuestra manera
de entender cuando acompañamos.
Salir de Madrid es la peor
de las odiseas.
Madrid lleva muchos
años siendo más enemiga
que aliada.
Cogemos la de Burgos
tó p'arriba,
luego un poquito
a la izquierda
donde descienden
abruptamente las temperaturas
para llegar a Aguilar
y recibir el agua torrencial
cada vez que pasamos
por Reinosa.
Hay cosas que no cambian
y por nada del mundo
queremos que cambien.
Hay otras tantas cosas que sí,
pero eso es harina de otro costal.
El último tramo pasado
por agua y sin luz
pese a las farolas
y los castros.
Llegamos y todo
sale a la primera
porque hemos tenido
más de cuatro horas
para ponernos al día
y subirnos a la vida,
el fomo lo llaman ahora.
Como diría Estopa,
nos pusimos las camisetas
de los conciertos,
que cada vez son más
porque es el
único capricho que mantenemos
y a la puta calle
con lluvia fina y sin pizca de frío.
El Palacio de Deportes
de Santander, majestuoso
y al lado de El Sardinero
donde hace años
comimos con amigas.
No se parecía a una lata de conservas
ni nos dieron
la que nos correspondían.
Buscamos bebida fría
y vasos serigrafiados.
Saludamos al viejo Richard
y nos deleitamos
con el entorno,
del momento previo
al que da comienzo
un evento que tiene
tantos significados.
Hablamos de curro,
de hij@s y del norte ⬆️
ya en manga corta,
con la mochila de siempre
en el suelo
y los abrigos apoyados.
Y ya está,
el enésimo show en directo
desde aquel 2009
en el Palacio de Deportes de Madrid
con un piano en mitad
del escenario
y una Luna de miel
que nadie querría
para sí mismo.
Lo mismo que en 2011
en la sala Kitchen en O'donell,
con aquellos pijos de
jersey y camisa
en el primer concierto
de la Contrabanda.
Como solemos decir:
pocas cosas existen
más antiguas que nosotras.
Corrieron los vasos
de mini con su cerveza 🍻
sin presión
hasta el punto
que les tuvimos
que meter baza.
El desencanto de la burguesía
santanderina,
descafeinada y aséptica
para ser un partido en casa.
Por eso, entre otras,
tuvimos que ir,
para dar muestra y ejemplo
del comportamiento digno
que dicho evento merecía.
Y el enfado entre risotadas
jajajajajjaja
pero ¿qué quieres que hagamos?
¿tiramos el mini?
¿pido perdón por los golpes?
Noooo, qué va, todo formó parte
de la excelencia de un viaje
relámpago que
nos volvió a iluminar a solas,
sin pequeñas estrellas,
solo nuestras sombras,
humildes, precavidas, comprometidas.
De verdad que no es
para que se nos escuche más alto,
es porque lo sentimos
de una manera auténtica
y sincera,
tan absoluta como cada verdad
que cada persona elige
para encontrar algo de coherencia.
Se lo contamos a Álex y Rocío
con pelos y señales,
de Ávila y con dos hijos
que tampoco estaban presentes.
Era momento de desatar
y sacar cada emoción contenida,
cada rabia paciente
ante la disimulada mirada
de la peña del norte.
Nos fuimos cantando
El vals del adiós
como siempre estuviéramos
en medio de la plaza Garibaldi
gritando que te echo de menos.
Meándonos como perras 🐶
anduvimos zigzagueantes
con risitas excitantes
de una sensación
que nos gustaría
experimentar mucho más.
Echamos cuentas,
hicimos reforma
y cambiamos todo el cableado
exhaustas de amor, profundidad
y filosofía.
Porque sí, dio tiempo
a desgranar el sistema público
educativo ebrias de ideología,
chistes y memes
y a acordarnos de que no pasa nada
por no acordarse de nadie
por una horas.
Hasta mañana,
porque nuestro mañana
siempre ha sido nuestro hoy.