miércoles, 5 de febrero de 2025

Mi Teacher

Me entero de madrugada,
tan helada como 
mi sensación de no creérmelo.
Hace un año que has muerto 
y yo llevo varios sin verte.
Por supuesto esa noche
se fue al garete,
pero qué más da,
la realidad es que tú 
ya no estás.
De tu barrio al mío,
de Vicálvaro a Moratalaz,
de la vez que estuve en tu casa
y por las veces 
que me llevaste en coche.
Por el insti que nos vio nacer.

Solo tuve que hacer
de reconciliador
en medio de una rebelión infantil
para darme cuenta
de que te iba a querer.
Y tú también 
me quisiste enseguida,
supiste ver mi máximo respeto,
mi educación y mi convicción.
Yo me empapé de 
tu misticismo, de tu animalismo,
de tu cultura y de tu música.
Me empapé de todo
menos de tu Inglés,
porque para mi siempre
fue un enemigo,
un mero trámite 
de vocabulario, conjugaciones 
y redacciones
que  no significaban nada,
sin restarle mérito
a tu docencia.

Aprobé tu ultimo examen
con un boli 🖊️ Bic negro
que ni siquiera era mío 
y recibí un título
por el que hoy día trabajo
apasionadamente.
Tu depresión, fibromialgia 
y demás pesares
me los hubiera comido
si hubiera sabido cómo,
pero no fui capaz,
no estaba a mi alcance.
Comprendí que con estar
era suficiente:
debatir sobre religión,
intercambiarnos canciones
de Silvio 
y acariciar perros 🐶🐶 
fue la perfecta medicina.

Querida Teacher,
nunca tuve esperanza
en tu contenido curricular,
pero si en tu pedagogía 
y en las almas que insistías 
en cuidar.
Me sumé a una parte
de tu historia 
discreto, prudente, cauto 
y me abriste la puerta
sin pensártelo
en ningún idioma,
porque lo que estaba claro
es que yo no llegué 
al Villablanca para un 
mero trámite,
sino para calar hondo
en cada espalda
que me diese permiso.
Tuve la suerte
de que la tuya
fuera una de ellas.

Ya jamás me podré 
despedir de ti,
aunque las pocas conversaciones 
de estos últimos años
siempre supiesen a eso,
a un recuerdo añejo
sin posibilidad de ser modificado.
Es curioso como 
si que pude despedirme
de tu madre
sin haberla conocido 
y que ti
te haya perdido 
con el tiempo,
la distancia 
y la propia ausencia 
más absoluta.

¿Sabes una de las cosas
que aprendí de ti?
A fortalecerme
en la idea de no sentirme culpable
pese a que tú 
arrastrabas un torrente de penas.
Solo tú y yo sabemos
los protocolos que nos saltamos,
pero ningún sistema bilingüista,
ni ninguna barrera profesional
podrá manchar
nuestro expediente.
El de habernos querido
primero, como maestra y alumna
y después,
como dos amigas
de distintas generaciones 
con decenas de descubrimientos
que ofrecerse mutuamente.

Yo sé que tú estarás
donde quieras estar,
pero no será 
en ninguno de mis cielos 
porque  yo solo sé pisar 
el suelo, la tierra mojada,
los sitios vírgenes.
Y de vírgenes sabemos un rato,
que se lo digan
a nuestra moral, ética e ideología.

Te quiero y te quise, Mabel,
pero el presente siempre
cobra mayor importancia 
cuando se trata de evocarte
y traerte de vuelta.
Hasta siempre y después, Teacher.

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