y lo demuestran
acumulando centenares
de horas en vigilia
por el motivo que fuera
pero con un mismo
resultado,
el de no perder tiempo
en el presente
aunque te lo estés
quitando del futuro.
Nocturno mapache 🦝,
felino activo de lo oscuro,
versos sombríos
e ideas aladas
que vuelan cegadas
de habitáculo en habitáculo.
La noche es
una lección artística
en la que cada una
aprende lo que le falta
y se desprende de lo sobrante.
Una especie de juicio
donde cada sentencia
determina el día siguiente,
sin excepciones.
Lo aprendí desde
bien jovencito
con aquellos cafés
en bachillerato,
cuando me levantaba
de madrugada para estudiar
y luego no estudiar nada 😜.
Un trastornado del sueño
de manual.
Sin saberlo me estaba
preparando para las noches
de mi treintena,
tan duras e intensas,
como únicas y especiales.
Un paseo a ciegas
por el salón,
mirando los coches
por la ventana de la cocina,
porteando a fuego,
tumbado en el suelo,
agachado y derrotado
por acompañar
lo que otr@s necesitan.
Bonita aventura
por la jungla
inundada de luna,
donde acechan las fieras,
donde se esconden silenciosas
las presas.
Son demasiadas cosas
las que se me ocurren
para no dormir de noche;
una lista de tareas pendientes
y mucho más divertidas
que temporalmente
deberían ser rutina.
Y digo temporalmente
porque si no
no hay cuerpo que aguante
tanta tralla ni metralla.
Aprendí la lección a basea
de hostias, errores graves
y lamentos profundos.
Pero lo conseguí,
lo de ser experto e incondicional
en lo que nadie se sienta
sol@ de noche.
De nada.
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