cobra un sentido especial,
aunque solo sea para reírse
un rato y que no se
confundan de paciente.
Pues claro que es una putada.
Y suele pasar
que las putadas
llegan en el peor momento,
de ahí el adjetivo.
Son inoportunas,
decepcionantes
y hasta delirantes.
Te da por llorar
o incluso por santiguarte.
Esa risa nerviosa de loc@
que llevamos tod@s dentro.
Me cago en las putas putadas.
Pero si lo piensas
¿quién no se cae de la cresta
de la ola?
¿existe alguien que perdure indemne?
Pues no, nadie se salva,
pero no por ello duele menos.
Es angustioso y estresante
recaer o tropezar o equivocarse.
Pero ¿qué hacemos?
¿nos matamos?
¿les matamos?
Podría ser, pero seguramente
no salga a cuenta.
Buscar explicaciones
en lo mágico
no es mi estilo.
Tampoco tengo el estilo
de decir lo primero
que se me venga a la cabeza.
Me parece igual de ambiguo
que de desastroso.
Yo no tengo
las respuestas
y desconozco las causas,
pero de cabeza y sin mirar
que me tiro si se trata
de cuidarte.
Me la suda
como se la suda
casi todo al adolescente.
La razón y las tripas
a veces pasan por lo mismo,
por la sensación inequívoca
de combatir lo que te
parece injusto
y lo que te duele
hasta reventar.
Por eso, y aunque sea
contraproducente,
nos ponemos el abrigo a los hombros
y nos escapamos a echar
unos pitis
sea cual sea el color
de nuestra piel.
Hay que dosificar
del mismo modo
que hay que simplificar,
pero hay veces
que a las bravas
también sienta bien,
aunque solo sea un rato.
Y si hay que estar hundidas
pues se está,
con la poca fuerza
que nos quede
y confiando
en que la dignidad
nos sacará del fondo.
De verdad peña,
trabájense sus formas
de acompañar,
muchas veces,
con escuchar,
ya hemos ganado todas.
El sol cae medianamente
deprisa, se esconde
bajo el bloque de barrio
con una grúa imponente.
Escribo sentado
en unas escaleras
que conducen
al otro barrio
y a mí ya se me ha olvidado
lo que significa la H,
porque he venido aquí
a escribir sobre mi hermano,
que también lleva H.
_A JP_
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