Los que hoy día me llevan.
Los que otro día me llevarán.
Todos son lo mismo,
elementos materiales
que conforman mis rutas,
tanto las que elegí
como las que me sorprendieron.
Una flota de vehículos
para los que la gente
sigue sin estar a la altura,
desaprovechando sus posibilidades
y malgastando las oportunidades
se los aprendizajes
de los pequeños detalles.
Mis 37 autobuses
lo publicitan,
públicos y sin banderitas
en días señalados.
Menos contaminantes
que hace años
porque sabemos de sobra
que el planeta necesita ser cuidado
con otra mirada, con otros tactos.
Acogedores universales
de lo diverso y de lo
especialmente vulnerable,
con un sentimiento de justicia
por encima de cualquier
mediocridad objetivable.
Pese a todo y pese a ellos,
sigo cumpliendo años de más,
años en los que seguir abarcando
toda la bondad que me quepa,
toda la humildad que me alcance
y todo el compromiso
que nos falta.
Ser buena persona
fue siempre el único propósito.
Itinerarios irregulares,
intensos y algo adversos;
a veces confusos,
pedregosos y oscuros;
en ocasiones decepcionantes,
humillantes y vacíos;
pero juez y parte
de la plenitud que persigo.
Son 37 autobuses
donde pinché demasiadas ruedas,
donde el motor me gripó de noche
y donde las puertas
quedaron atracadas.
Pero también son 37 buses
desde los que tiré
todas las bombas 💣
que me parecía
que tenían que ser tiradas;
desde donde lancé
tantos besos como huesos tengo;
desde los que grité,
con el máximo respeto
al ser humano,
que así no,
que tenemos la obligación
de elegir
el cómo y el cuándo.
Buenos, pues eso,
37 autobuses
sin carné ni oposición
de ningún tipo.
A mí ritmo, tranquilo,
coherente, estiloso,
placentero, soñador
y un poco porculero.
Me acompañan
3 minibuses
sin tubo de escape,
descapotables
y con una dirección asistida
a contracorriente
para que no se me olvide
cómo fui,
de dónde vengo
y adónde vamos.
_A mis 37_
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