lunes, 11 de marzo de 2024

Otra vez en un tío

Me han mandado una
foto repugnante.
Otra vez un tío
"haciéndose valer
por encima de las mujeres".
Un tío que saca pecho
de los cuidados y el
piel con piel
en el día en que 
se reivindica precisamente
el valor, reconocimiento
y dignidad de las parturientas,
entre otras millones.

Pero claro,
tenía que dar la nota
porque no hay un Día
del hombretón,
ni del tigretón,
ni del tiburón,
bueno, de este último
sí que hay Día.
Efectivamente este tipo
sabe lo que es cobrar menos
por tener coño,
ha sido acosado e intimidado
caminando de noche a solas
y sufre todas las cargas
mentales habidas y por haber 
porque históricamente
el peso se repartió
mal en un determinado momento,
no te jode.

¿Cómo puede estar tan cegado?
¿O tan lleno de envidia, rencor y odio
por las que no tienen pene
o no ejercen intimidación
con su pene?
¿Cómo puede aprovechar
una propuesta de la comunidad educativa
para exhibir
que él también es persona
y padre
y cuidador?
¿No hemos entendido nada?
Incluso a los que se 
les llena la boca
de ponerse al lado,
enseguida salen
a relucir sus mediocridades,
contarnos otra, chavales.

Si fuera mi competencia,
no dudaría
en llamarle al orden.
Pero la responsabilidad
es de todas,
eso quiere decir
que cualquiera, 
mujer u hombre,
podría, a título personal,
confrontar a este individuo
y explicarle algo de feminismo.
Además, payaso pero no ignorante,
se exhibe en un sector
profesionalmente liderado
por mujeres,
con la mirada por encima
y aires de superioridad
reproduciendo subordinación
y violencia.

Sale a defenderse
como si alguien 
le hubiera mentado,
o peor, sale a defenderse
porque conscientemente
nadie le ha metando
y no entra dentro
de sus posibilidades
que eso haya 
sucedido así.
Hasta su Presidenta
le da la razón:
"¿Para cuándo un día del hombre?"
dice la que firmó
los protocolos de la vergüenza.

Un Día del hombre
se parecería mucho
a la película de La purga,
no aprovecharíamos
para ir las de abajo
contra los de arriba,
sino que los hombres
destaparían sin vergüenza
ni punición, todas sus
arrogancias, pasiones ocultas
y violencias más intimidatorias.
Olemos a eso,
a acoso, invasión y violación.

Se reía mi viejo
el otro día
con el concepto
de cuánto ocupan
los hombres el espacio público.
Nos tendrían que enjaular,
tendríamos que vivir con miedo,
nos tendrían que asesinar
y sólo así
darnos cuenta
por empatía forzada,
la violencia estructural
que sufre la otra mitad
del planeta
simplemente por ser mujer.

No sé si alguna
vez será suficientemente
todo lo que hagamos,
pero hasta el último suspiro
habrá que intentarlo
por las que están,
por las que aniquilaron
y por las la que vendrán.
No es Dios quien te da la existencia,
son ellas las que empujan
para que tengas
una posibilidad en la vida.

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