de desvivirse por las personas
a las que acompañas?
Se llama Sandra y es mi amiga.
Lleva siete años siendo
mi compañera de trabajo
y este curso ha sido
mi principal herramienta,
mi pareja educativa.
No se me olvida
que estuviste desde los inicios,
en mi trigésimo cumpleaños sorpresa
cuándo me regalasteis
un arma de construcción masiva,
mi cámara,
y de que fuiste integrante
de aquel grupo de 42 personas
que estuvieron
en el ya histórico 3 de marzo.
Desde un punto de vista
egocentrista,
es la pieza que me faltaba.
Desde un punto de vista social
y comunitario,
es la pieza que nos falta a todas.
Por eso,
cuando me reincorporé
aquel 1 de diciembre,
fui yo el afortunado
de subir en tu regazo,
fui yo quien respiró
aliviado tras volver
a la que es mi casa
porque estabas tras la puerta
para darme una bienvenida
antológica
y una acogida bien planificada.
Gracias por darme el permiso
de escribir poesía
sobre la montura de tus gafas.
Gracias por esa sonrisa
donde hamacarme
todas las mañanas.
Gracias por el recogimiento
de tus brazos
y por la sensación
de sentirme a salvo.
Gracias por tu sabiduría,
tu compromiso
y tu honestidad para con l@s otr@s.
Gracias por envolverlo
todo con la humildad
de un planeta tan necesitado.
Y gracias por ser referente
en esto de acompañar a la infancia
con uñas y dientes,
con sudor y sangre,
con amor y respeto.
Asumiste el término
de La Pandilla
como quien asume
el concepto de familia
como institución.
Si fuimos parte,
insisto,
fue en parte gracias
a que te regalaste altruistamente
como la última pieza del puzzle
que todas andábamos buscando.
Un sentimiento de pertenencia
que has liderado y comandado
con asertividad, con pedagogía,
con la fueza intrínseca de las mareas.
Por eso te debemos tanto,
por eso ya estás incrustada
en la parte amable
de nuestra memoria.
También me atrevo
a hablar por ellos y por ellas,
porque yo tengo el vocabulario
al que todavía no han llegado.
Me cuentan
que supiste estar
a la altura que necesitaban
y que conseguiste ajustarte
a las circunstancias que les rodeaban.
Que fuiste un tanque
de besos y de abrazos
en los momentos más frágiles
y que te convertiste
en escultura de hierro
cuando necesitaban
tener en cuenta un modelo.
Me llegaron a contar
que les pareciste
como aquellos carteles
que señalizan el camino
en las rutas de senderismo.
Y la mejor noticia de todas
no es que consigas hacer
la metamorfosis
para proporcionarnos
la pieza que nos faltaba,
sino que si te lo propones,
fuiste, eres y serás
lo que tú quisite ser,
lo que eres
y lo que quieras ser.
Querida Sandra,
la suerte, el privilegio
y el mismísimo honor,
ha sido el nuestro
mientras nos mantengamos a tu lado.
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