martes, 27 de junio de 2023

Ella también se cae de la cama

Su cuna convertida
en cama
pero con ruedas
pegada a la nuestra
pero sin ser colecho
para salvar el hueco
y la consecuente caída
no vale de nada
porque las ruedas resbalan
cuando al intentar cambiar
de superficie
con la inercia de su fuerza
se origina una grieta
por la que sentir el vacío
y el dolor del impacto.
Sin comas,
para que sientas
la angustia de la imagen.

Sigue sus pasos
hasta en las caídas,
dicho de otra manera,
sigue sus caídas
para ver qué pasa
en los levantares.
Pesares y dolores
cuando tu hij@
sufre o padece algún dolor.
La inevitable y más fuerte
de las empatías
cuando alguien
que se presupone
más frágil y vulnerable
sufre alguna enfermedad
o accidente.

Esta vez fue mamá
quien te recogió del suelo
tras un PUM baldosiano,
unos segundos de silencio
y un llanto aterrador.
El intento de consuelo
del pecho contra pecho,
de la mano acariciando
suavemente cada cabello
de tu cabeza,
del corazón hecho añicos
sin ni siquiera
haberse ubicado.
Una caída de escasos 
centímetros de altura
que duele y paraliza
como si hubiera sido
de un quinto piso.
Desde aquel terrorífico día,
no este, sino el del precipicio,
le tengo pavor a las ventanas.

Como quien vuelve torpemente
a la consciencia de la realidad
y mueve su brazo para tocar
a ese alguien
que siempre duerme a su lado
para sentir,
haya pasado lo que haya pasado
en sueños,
que sigue ahí.
Algo parecido le tuvo que pasar.
Despertar y buscar instintivamente
a ese alguien
que siempre ha estado ahí
desde que nació.

Llevamos semanas hablando
del cambio de habitación
y por consiguiente
del cambio de cama.
El inminente proceso de emancipación
por el hecho irreductible
de hacerse mayor.
Pero tú no lo afrontarás sola
cuando estés dormida,
sino que te acompañará
tu hermano
en la parte de arriba
como si fuera el cielo
de cualquier creyente jesuita.
No estarás sola
porque él ya te mira
con los cuidados de una
persona experimentada
a pesar de su corta edad.
Y te sujeta la cabeza
con delicadeza y las dos
manos abiertas
para darte un beso
para el que no te ha 
pedido permiso
porque sabe que no tienes
casi lenguaje.
Y aceptas el beso
como si viniese de alguien
que no te va a fallar 
en la puta vida,
no te equivocas.

Caerse de la cama
es casi un hito del desarrollo
que marca la posición
y los lugares
que nos corresponden.
Jamás he acompañado
el sueño como con tu hermano.
Con él aprendí
la mejor manera de hacerlo
y las errores que prometí
no volver a cometer.
Es tu suerte y la mía,
la de estar más y mejor
preparada.

Pero te tienes que marchar
por un consenso de tus pamadres
poniendo un salón
de por medio
para que todas ganemos
algo nuevo.
Quizá autonomía,
quizá tranquilidad,
quizá comodidad,
quizá intimidad,
quizá más amor
desde cierta distancia
bien construida.

La Mariana no ofrece
las mejores de las condiciones
posibles que sabemos
serían las más beneficiosas.
Pero nuestro concepto
de hogar y familia
sí que lo hace,
por lo que te cuento,
por lo que te escribo,
que estamos preparadas,
que nos parece que tú
y tú hermano también
lo estáis,
y que nos ajustaremos
a vuestras respuestas
lo mejor que sepamos.

Esto no es ningún drama,
pero es un salto significativo
con la suficiente importancia
como para tomárnoslo
muy en serio.
Y no,
no vamos a fallarte
pese a todas las caídas
que te queden.
Que tengas una 
buena acogida, hija.

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