miércoles, 13 de enero de 2021

La nieve

La nieve nos viene
con la pereza
de reincorporarse
al curro.
Es agradecida
hasta para eso.

Que nieve entre
un ejército
de edificios,
aceras grises
y gente apagada,
no es nada fácil.
Por eso es motivo
de alegría.
Por eso es lógico
que todo el mundo
quiera hacerse un selfie.
Porque por alguna razón,
quizá por su exclusividad,
cuando nieva
todo el mundo
se entusiasma.
Incluso para los que
no tengan luz,
como los de la Cañada,
jugarán unos minutos
descafeinando su drama.

La nieve que cubre
los árboles,
las lunas teñidas
de blanco,
el paraguas
que amortigua
las precipitaciones
sacudiendo las penas
de los humanos.
Las bolas,
los muñecos,
las huellas.
Las fuentes heladas
y pisadas resbaladizas.
Unas horas de alivio
para sentir el frío real
en tu cara.
Si la nieve fuera negra
y no fuésemos
racistas...
...¿os imagináis?

La última vez
que vimos la nieve,
fue el día
que nos despedíamos
de la ciudad
de Edimburgo
en marzo de 2018.
Todo era mucho
más amable que ahora.

Mi hijo no quiso
bajar al parque a jugar,
porque incluso
a la nieve
se atreve a
no blanquearla.


Nota de autor: escrito el jueves 7 de enero de 2021

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