me ha nutrido
de literatura
a través
de la Librería
del Barrio:
JARCHA
(Def: breve composición
lírica que cerraba
los poemas en árabe
llamados moaxajas)
Empezando por historias
de "Barco de vapor",
"Manolito Gafotas"
y libros de "Pesadillas".
También cómics
de "Mortadelo y Filemón"
y recomendaciones
por parte
de las expertas.
Jarcha,
mi parque temático
de pequeño
con estanterías
colapsadas
y colores
nunca vistos.
No existí obra
que no tuvieran.
Las gentes
que la trabajan
siempre lucían
sonrisas
monumentales,
así,
sin cansarse,
con ánimo puro
y escaparates nuevos
los lunes.
Y crecí.
Y seguí
acudiendo
a la llamada
de la cultura.
De adolescente
descubrí
a mis primeros
poetas
y a mis primeros
escritores
de novela negra.
También grandes clásicos,
libros revelación
e incluso
obras descatalogadas.
No hay nada
que no lo puedan.
Las jefas del gremio
de libreros y libreras
de Madrid
en el Barrio.
Maduré
y me pasé
a los ensayos
políticos,
a los análisis históricos
aunque siempre fiel
a cualquier
generación de poetas.
Cita obligatoria
la de algunos
Viernes
a las 20.00 horas
para descubrir
nuevos mundos
y asumir
la apertura
como algo
necesario
en mi vida.
Chatito de vino
envuelto en miles
de palabras
y a dormir
más a gusto que un arbusto.
Murakami
y Saramago.
Miguel Hernández
y Pablo Neruda.
Paco Roca.
Ahora soy más
de novelas gráficas
siempre rebeldes.
Y no me olvido
de Marcos Ana
y Emilio Lledó.
Cada vez que piso
el suelo de Jarcha
flotan mis ideas,
navego entre
cuentos infantiles
entre los que me ocupo
a diario tanto
en el trabajo
como en casa.
Y mientras tanto,
por azar de las hojas,
la hija de la librera
va a la misma clase
que mi hijo:
La Escuela del Barrio.
Bonita coincidencia
la de encontrarse
en entornos públicos
sin convicciones
tradicionales.
Abiertas y
apalabradas
intenciones
para seguir
dejando poso
en nuestro legado.
_A Rocío y Mina_
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