domingo, 15 de septiembre de 2019

La balada del Monasterio

La sorpresa 
organizada
de los viajes
a última hora.

Premeditadamente
articulado
para llegar
a tiempo.
Que sepáis
que el Ahorramás
también
"da" días libres.

La distancia
en coche
a Nuévalos
dura lo
que tarda
en llegar
un avión
de Madrid
a Canarias.
Pero sin cambio
de hora
porque allí
el tiempo
se detiene
entre cascadas
y hojas.
Un spá
de emociones
mientras repartimos
la preciada crianza
a nuestros
sabios mayores.

Dormir en celdas
donde hace siglos
reposaban
los monjes
y comer
en salones
aragoneses
donde antes
se oraba
con fidelidad.

Paredes de piedra,
ecos invertidos
y una luz tenue
para que cuando
salgas al exterior
se estremezca
el cuerpo
como te estremece
el orgasmo.
Buffet libre
de conversaciones.
Habitaciones triples.
Terrazas con 
vistas al Parque.
La piscina llena
con el agua
del río Piedra,
el mismo
que nutre
el entorno
y nos quita 
la sed
al contorno.

Nos da la bienvenida
el búho Juanito
explotado
con fotografías
de miradas
discontinuas.
Árboles,
caminos,
precipicios
y rutas
no aptas
para carros
ni personas
con mal de huesos.
Así que
nos repartimos
el peso
y hacemos
que el agua
se esconda
en nuestras manos.
Jugando al escondite
con la Cola de Caballo
te duermes
gota a gota...
... a saber
lo que estás
soñando.

Fotos de paparazzi.
Gritos
inesperados
entre dos balcones.
La alegría de su vida
y la nuestra.
Nos comemos
a la carta,
en menú
o en raciones.
Visitas guiadas
a iglesias
sin techo
porque vendieron
sus tejas
por avaricia
divina.
El inicio
de tus 180
y tu proyecto
de cresta 
provocan
con tus gritos
reacciones
nunca vistas.

Nadie contaba con ello,
pero todas
nos hicimos hojas
del mismo árbol.

Que te acuerdes
que aquellos dos días
pudimos ver las estrellas
que nos hacían falta.




_A mi familia_

No hay comentarios:

Publicar un comentario