Viajamos
siendo impares
inexpertas
de lo que va
acontecer.
Sin remilgos
ni desperdicios.
Recorriendo
las curvas
de un río
sin peajes
y un puñado
de pueblos
con frontones
y cementerios.
La charanga
de Vinuesa,
el salmorejo
andaluz
y el bacalao
a la vizcaina.
Resfriados
de noches
sin dormir
y una actuación
digna de cuidados.
Un sol
todavía fuerte
por caminos
pedregosos
y la moda
de los balcones
con bandera
extendida
por todos
los rincones.
El corazón
de Salduero
atravesado
por un puente
romano
que da sombra
al agua helada.
Parques donde
hicimos diana
con molinos
que protegen
el Duero.
Orquestas
sobrevaloradas
con demasiados
decibelios
en fiestas
de pueblos
un tanto
desfasadas.
Primer viaje
en autocar.
Detrás.
Como adolescentes.
La Negrura
de la Laguna
con skifalls
brotando
del suelo.
Una temerosa
conversación
con vacas
y la hoja
que cae
sobre el
carro vacío
mientras comíamos
en un palomar
de chimeneas
impresionantes
allí donde
"Almanzor perdió su tambor".
El viaje
de los ruidos
noctrunos
y los troncos
"pingados"
en la plaza
del pueblo.
Un cerdo
gobierna
El Burgo de Osma
mientras
su castillo
mira derruido,
a lo lejos,
defendido
por un paseo
que acompaña
su río.
Por primera vez
en mi vida
tuve que hacer
cola para entrar
en un supermercado
para acabar
comprando
una barra
de pan integral
que me dejó
totalmente
desolado.
La cuna que acoge,
cobija
y sostiene
al niño,
a la estrella
y al grillo.
Porteo de sueños.
Paraje de lobos.
Cañón de caliza,
ruidos extraños,
risas de miedo,
libélulas asesinas
camino a la ermita.
Miras arriba,
buitres follando,
águilas vigilando.
Una cueva
de incertidumbres
donde puedes
llegar en carro.
La siesta,
la merienda
y un castillo
que se alza
kilómetros
a la vista.
Gormaz
y sus murallas
de mujeres
rezando
en su foso.
El vértigo
de hacerse
una foto
a las puertas
del cielo
nos enseña
que siempre
puedes ver
la tele aunque
esté apagada.
Un gigante
del medievo
de lácteos
en el coche.
"La inmensidad
del pequeño detalle"
porque
Recuerda
no es solo
un verbo,
es también
un lugar
donde hacerse
el muerto,
con solo
una calle principal
de ida y vuelta.
Un viaje
de más
de setecientos kilómetros
y cuatrocientas fotos
donde volvimos
sin estar
despiertos,
más cogidos,
y por lo tanto,
crecidos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario