como una semilla mágica
que se expande ingobernable
a su antojo
en función de sus demandas y deseos.
Descubrir que una marioneta
(sin mochila)
es de carne hueso;
comprobar que todo lo estático
cobra movimiento y coreografía;
que surja una voz
que resulta familiar
tras todo el silencio acumulado;
y observar que una mirada cosida
de repente titila buscando la tuya.
Anteponerte entera,
anticipando tu cuerpo,
desgarradas las ganas,
para entregar, totalmente altruista,
tu maleta rosa de viajes.
Eso no lo había hecho nunca nadie.
O puede que si, puede que no.
De nuevo, el caso, es imaginar
y representar tus experiencias
con una actitud militante
ante la vida,
tan sindicalista
como el que lo hace
aunque sabe que
no se puede permitir
un día sin sueldo.
Es lo mismo, hija.
El compromiso ideológico
y social para con tu comunidad
que la emoción desbordante y genuina
para con tus creencias.
Mirolinda vino a verte
y solo te acompañaba
una de tus maestras,
o puede que las dos,
no lo sabemos,
pero ya te digo yo
que fueron las dos.
O quizá te lo diga
dentro de unos años,
pero el recorrido al tacto
de tu espalda
ya lo lleva puesto,
lo lleva escrito,
yo te lo escribo
para que a nadie se le olvide.
No es que seas una privilegiada,
es que te has ganado el honor
de que te cuiden y te acompañen
como toda la infancia se lo merece.
Mamá y papá te lo han
puesto en bandeja,
pero han sido el resto
de maestras las que
lo han materializado.
La capacidad de emocionarse
y el permiso de sorprenderse
es lo mismo que una memoria sana,
una dignidad blindada
y una rabia necesaria.
Si Mirolinda comparte piel
con MJ no es la pregunta, cariño,
puede que sí o puede que no;
la pregunta sería
si lo que te ha hecho sentir una
y lo que te hace sentir la otra
se parece en algo.
Y sé de sobra que para esa,
tienes la respuesta.
_A mi hija, sus maestras
y su Mirolinda_