jueves, 23 de noviembre de 2023

El oscuro pasajero. Parte II

Quién no lleva un
hijo de puto dentro de sí.
Pero que el propio vacío existencial
es sentir que la carga
puede contigo.
La idea insoportable
de no encontrar consuelo
ni salida
a un túnel oscuro y eterno.

Otra vez el oscuro pasajero
y cualquiera de sus personalidades
que ataca desde dentro 
hacia afuera
con todas las entrañas derramadas.
Eso, como otras ciertas cosas,
hay que vivirlo
compo para empezárselo
a imaginar.
Incluso así,
no hay empatía que valga
ni empatía suficiente
como para llegar
a comprender una mínima
parte de todo el dolor
que se importa y que se exporta.

Pero eso tú y yo
ya lo sabíamos,
son demasiado años
y unos cuantos
padecimientos,
unos cuantos episódicos
y otros perennes
como las hojas de 
algunos árboles.
Todos los textos
y todas las conversaciones
están atravesadas
de alguna manera
por la salud mental,
puta ausencia de salud mental.

No es solo el malestar
que te genera el hij@ de puto
que llevas dentro,
es también la imagen
que se proyecta en el resto
y que inevitablemente
arrasa con cualquier ápice
de oportunidad que creyeras tener.
Es peor que el cáncer,
porque lo que sabes de dónde viene,
intuyes a dónde puede llegar;
lo contrario es ansiedad, miedo
e incertidumbre
que nubla cualquier posibilidad
a la vista.

Es estar muerto en vida
porque aunque tu corazón
parezca que lata,
tú sientes la absoluta ausencia
de todo lo que previamente
creías conocer,
por lo que le camino
ni siquiera
es considerado un camino,
sino un letargo inducido
en el que no puedes saborear
ni un poquito
las victorias que,
desde fuera,
parecieran que arrojan
un poco de luz.

El oscuro pasajero
es un hijo del grandísimo puto
y el tal Ángel Martín,
flaco favor nos hace,
pero claro,
cada uno como puede y sabe.
El problema no es
cuando quieres arrasar con 
todo y a tod@s,
sino cuando quieres eliminarte
a ti mismo.

¡Seguimos!
Y al hijo de puto que llevo dentro,
te digo
que voy a acabar contigo.

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