Empezamos
el enésimo primer día,
y lo hacemos,
cómo no,
madrugando a saco.
En este sentido,
nunca se nos
dio bien esperar.
La emoción
de los comienzos
confronta
con las dudas
que todavía
no pueden
ser resueltas,
este curso
más si cabe.
Pero este año,
pese a la gravedad
de las circunstancias
me reincorporo
tranquilo,
colmado,
con la sensación
de volver a mi sitio
y con mi gente.
Incluso así,
no consigo
dejar atrás
la pena,
la culpa
y el sufrimiento.
Genéticamente
no estamos hechas
para las separaciones
sino para todo
lo contrario.
Vuelvo contento
porque me reencuentro
con "Mi 17 de julio",
porque estoy apunto
de conocer
a la nueva Pandilla
y porque estoy deseando
que corra el tiempo
para dejar sin tiempo
al virus.
Quiero estar y ser
liberado del miedo
al contagio
y las despedidas;
quiero ejercer de padre
preocupándome
solo
por los virus comunes;
quiero seguir
ensanchando
la amistad
sin que los abrazos
queden restringidos;
y quiero que nadie
esté en riesgo
excepto
los que quieran
estarlo
sin que nos acabe
salpicando.
Por último,
también quiero,
que mi abuela
se muera de vieja,
en casa
y con una sonrisa
mientras duerme.
Con estas
empiezo
mi enésimo
primer día,
septiembre.
La foto
solo es un recuerdo
de cómo los vivía antes,
los primero días.
Un anzuelo
para recordarte
que te cuido
y te quiero,
a ti,
a vosotras,
que leéis esto.
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