domingo, 13 de septiembre de 2020

Echar de menos el barrio

 Echar de menos el barrio
es como echarla
de menos a ella,
solo que el barrio
puede caer
en la decadencia
y ella,
jamás nunca 
se lo ha permitido.

La "b" de barrio
coincide
con la "b"
del color
de sus flores favoritas.
Carros y carretas.
Da igual lo que la echen.
Ella tira
como una mula
tal y como
resisten
los comercios locales.
Comunotaria
es su apellido
igual que la esencia
de los barrios
obreros,
más periféricos
que integrados,
sustentando
la raíz
de todo
lo que proporciona
vida.

Ella es libre,
la primera
con mayúsculas
como su azotea
de cinco estrellas.
Si alguien 
es capaz
de levantarse
tras caer
por un barranco,
es ella.
Si alguien 
es capaz
de reinventarse
tras la decepción,
es ella.
Si alguien está
por encima del mal
de la muerte
y de l@s desacenturad@s, 
es ella.

La echo de menos
como cuando 
salgo del barrio
a tierras extrañas,
faltándome algo,
aunque solo sea un pedazo,
que me complete.
Por eso,
siempre que vuelve,
las aceras
huelen a casa
y las fachadas viejas
se lavan la cara
para la ocasión.
Porque cuando
toca verla,
mirarla 
te sabe a poco
y estás
en la obligación
de estrujarla
y exprimirla
hasta la próxima
ocasión
que propicie
el encuentro.

Ella es de barrio,
adoptada o nativa,
y por eso me gusta tanto.
Ella es el barrio
y por eso,
con su permiso,
me quedo a vivir
en el epicentro
de su plaza.

_A Marga_

No hay comentarios:

Publicar un comentario