Harto de reír
más
con emoticonos
que con la
mandíbula,
anhelo
la inspección
exhaustiva
del cara a cara.
El reto de
las comisuras
y las curvas,
el matiz,
el detalle.
La sensación
de recibir
un disparo
a quemarropa.
Sentir el
penetrante
fluido
de la emoción,
donde no se
pueda disimular
porque estás
siendo observado
de frente,
donde no se
pueda engañar
porque puedes
tocar la
realidad.
El sabor de
probarte
con la mejor
de las intenciones.
El sonido
de la carcajada
contagiosa.
El gesto
inconfundible
de mirar
y saber la verdad.
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