'Un tranvía llamado deseo'.
Hace algunos findes
cumplimos el sueño del tranvía🚃.
En mi familia,
una de las cosas que mejor se nos dan
es la de planificar y ejecutar.
Me encantan esos días previos
en los que llenamos maletas,
neceseres, mochilas
y bolsas de rafia,
cuando la casa se llena
de bultos y las expectativas
se disparan.
Rumbo al noreste ↗️
como en el primer viaje
del cachorro con apenas
6 meses a un lago
de color negro
y un cañón asediado
de buitres.
Pero también como
el de la Expo en 2008,
todavía sin coche
y con un calor inclemente.
Llegamos a la Calle Porvenir
duplicadas de amor ❤️ 😍 ❣️
para compartir piso.
Es verdad que todas
las experiencias marcan
y tienen su importancia
y determinismo
a lo largo del desarrollo,
por eso uno de los objetivos
es intentar equivocarse menos ➖
y pedir perdón más ➕.
Con la fuerza de Thor,
sin siesta
y habiendo madrugado
como siempre
y con mayor motivo,
la intensidad fue elevándose
como lo iban a hacer
los decibelios.
Arrepentirse es lícito,
no saber ver las marcas de agua
que quedan impresas es una locura.
La locura de la cantidad
de gente que con todo
el derecho del ocio
sale y viaja a celebrar
la vida, la familia y los encuentros.
Pues allí, en medio
de la plaza del Pilar,
nos sentimos hormigas
insignificantes dotadas
de poco interés
por las festividades.
Ahora bien,
cualquier excusa es buena
si sirve para sumar
aunque sea con llevadas.
Autobuses atestados,
parques nocturnos
mal cuidados
y una cena improvisada
con navaja asturiana
como preludio
al clímax,
como prólogo al motivo
del viaje,
que solo consistía
en intentar contestar
la pregunta de
❓ Cómo quieres que te quiera ❓
Podéis investigar su entonación
para dar con la respuesta adecuada.
Mis animales marinos,
mi autobús nocturno,
mi refugio,
mi yermo para plantar,
mi tierra que nacionalizar,
mi patria por extinguir,
mi matria por conseguir.
Mi balada exprés a Zaragoza
porque por una vez
decidimos sumarnos
a la M.O.D.A,
su cuatro, su segundo,
nuestro enésimo.
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