le contaba a una colega
que para llegar
a La Mariana
hay que subir
67 escalones 🪜.
Lo que no se
me ocurrió contarle
es que para hacerlo
también había
que pasar por Longina.
Un par de horas después
nos contaron
que nuestra vecina del Bajo
había fallecido.
Era tradición
encontrársela
en los bancos del barrio
leyendo algún librito
o compartiendo asiento
con otras vecinas.
- ¿Cómo estás Longina?-
le preguntábamos.
+ De momento bien, que no es poco+
respondía siempre.
A mis hij@s les
ha visto nacer
siempre con
un detalle por delante
y unas palabras amables
como estandarte.
Pero es que además
fue la primera vecina
de cientos
que tenemos ahora
en acogernos
en este barrio antiguo,
de clase,
humilde, sincero
y transparente
por todos sus rincones.
Nos dio tiempo
de conocer a Santiago,
su compañero de viaje,
pero poco duro el idilio
asomándose
la ausencia y la soledad
más miserable.
También estaban sus hij@s,
referentes del barrio
de tenderas y ayudantes
para regentar toda una comunidad.
Y sus nietos,
con los que tuve
la oportunidad de formar
una pareja de centrales
para cerrar nuestra defensa,
una trampa de ratones
para cualquier delantero
con la suficiente osadía
para sobre pasarnos.
La altura de Fede
predijo la altura
de mi futuro hogar.
Mi estrategia
me permitió
cuidar de su abuela.
Longinilla, que la tierra te sea leve
y tus creencias se desarrollen
allí donde vayas.
Por lo pronto, en el barrio,
impregnarempos de tu memoria
las plazas, las calles y los bancos.
Cada vez que atraviese el portal,
miraré tu puerta 🚪
y subiré los 67 escalones
hasta La Mariana.
_ A Longina, sus hij@s, sus nietos
y a mi Fede_
No hay comentarios:
Publicar un comentario