jueves, 10 de julio de 2025

Gris aplastante

Vuelve a valer más una imagen
que mil palabras
porque además 
no había posibilidad de palabras.
La instantánea del pánico,
del terror, de la locura 
más absoluta.
Cuando la imaginación 
y sus distintas ramificaciones 
te hielan el cuerpo
y cualquier posibilidad 
de respirar tranquilo.

Una imagen imborrable 
aunque la quieras mandar
a elementos eliminados
permanentemente 
por todos los medios.
Nadie está preparada
para convivir con el miedo 
sin que le pase factura,
es imposible,
ojalá existiera 
el flash del olvido
para algunas cosas
que te marcan la vida
hasta que te llegue la muerte.

Sentir y padecer
es inevitablemnete
involuntario;
ser capaz de expresar,
desahogar y ventilar
los detalles, los matices
y las aristas 
es realmente
lo que te acaba conmoviendo 
para mal o para bien.
No hay vuelta atrás 
una vez que sucede.
Determinante
como el calzado
que eliges
para afrontar el día.

La imagen viene y va
como las mareas,
pero es perpetua 
como la Luna
que se distingue cada noche.
Estremecerse
por todos los ángulos 
y todos los puntos cardinales 
serviría para eliminar
cualquier atisbo de equidistancia 
que solo conduce a la indiferencia.
El impacto del momento,
la seducción del riesgo
y la irreversibilidad de la tragedia 
es lo que nos mantiene alerta
con una respiración más que agitada.

Las imágenes hablan por sí solas 
aunque precisamente 
lo que recuerda
es que no podía 
articular palabra.
Esa fuerza oceánica,
mil veces mayor que la volcánica,
es la que te hiela los huesos
y te empapa de lágrimas.
El blanco y negro
define en sí mismo
que no hay color posible,
pero es mentira,
justo son esos grises 🩶
los que impactan de lleno
desde la retina hasta la aorta 

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